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Bienes públicos desmantelados

Propiedades del Estado, de los costarricenses, a la buena de Dios

Iván Antillón Montealegre
Industrial

En el barrio Los Almendros, de Barranca, Puntarenas, la caseta de una parada de autobuses fue destechada. “¿Qué se hizo ese techo?”, le pregunté hace unos meses a una vecina. Resulta que alguien necesitaba hacer una reparación en su casa y se lo llevó. Nadie vio nada. Nadie oyó nada.

En las cercanías, hay un edificio de aproximadamente 200 metros cuadrados, donde anteriormente se encontraban las oficinas regionales del INVU, y actualmente está totalmente desmantelado. “¿Y qué le pasó a ese edificio?”, le pregunté a la vecina. Resulta que, cuando cerraron esas oficinas, manos invisibles y silenciosas se llevaron láminas para techo, cerchas, emplantillado, cornisas, cielos rasos, puertas, ventanas y sus marcos, vidrios, rodapiés e incluso pisos; no se llevaron las paredes porque no pudieron.

“Bueno, ¿y la Policía?”, insistí. “¿La Policía? Esos nunca están en nada, y, si vieron algo, se hicieron los tontos”, contestó la vecina.

Así como en ese par de casos, hay decenas de valiosos bienes públicos que se arruinan o son saqueados porque son abandonados por descuidados funcionarios gubernamentales, causándole cuantiosas pérdidas al Estado; esto es, a todos los ciudadanos.

¿Cuándo van a crear una entidad que custodie esos bienes y que les saque buen provecho?

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