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Más allá de la Sala IV Que los defensores del TLC no digan ahora que es bueno para el paísOttón Solís Excandidato presidencial Cinco magistrados de la Sala Constitucional han considerado que el TLC no viola la Carta Magna. La consulta de constitucionalidad, fundada en análisis de especialistas de la Universidad de Costa Rica, intentaba evitar que el pueblo se manifestara sobre un TLC que consideramos violatorio de nuestra Constitución. Aceptamos esa decisión que no compartimos. Esperaremos con sumo interés para leer los razonamientos de los magistrados que consideraron que, por ejemplo, en materia de arbitraje no se viola la Constitución Política o que las mociones aprobadas en Comisión no afectan el fondo del TLC. Esperamos que los defensores del TLC no utilicen esta resolución para afirmar o insinuar que el TLC es bueno para el país. Que la Sala IV dicte que el TLC es constitucional no significa que sea bueno. La misma Sala IV considera que los matrimonios entre extranjeros y costarricenses que ni se conocen, hechos por poder en un protocolo notarial, para obtener el derecho a vivir en Costa Rica, son constitucionales. El fallo únicamente establece que el TLC no atenta contra el ordenamiento constitucional. No dice nada ni tiene ninguna implicación sobre nuestros argumentos en relación con los daños que el TLC causará a la economía, al sector agrícola, a las finanzas de la CCSS, al ambiente, al precio de los servicios de telecomunicaciones y electricidad. Tampoco pone en tela de juicio nuestras afirmaciones en relación con los severos límites que el TLC impone a la definición soberana de algunas políticas de desarrollo o con la centroamericanización de nuestro modelo de desarrollo. El referéndum es nuestra meta, es el verdadero desafío histórico que se le presenta a Costa Rica para distinguirse como una nación diferente, pacífica y profundamente democrática. Para el referéndum, los costarricenses debemos recordar día a día que el país en que vivimos es una excepción maravillosa en el mundo, resultado de las decisiones correctas y originales que ha tomado nuestro pueblo. En el pasado nunca intentamos imitar las rutas de los vecinos. Muchas veces, como cuando en el continente prevalecía la dictadura, escogimos la democracia sin acongojarnos porque estaríamos casi solos.
País tranquilo. Es de suma importancia que el país quede tranquilo, independientemente del resultado del referéndum. Para ello no deben quedar dudas sobre el proceso. Por eso creemos que deben prevalecer las prácticas democráticas universalmente aceptadas. La inequidad en el acceso a recursos para la campaña, las campañas millonarias, el clientelismo gubernamental condicionado al apoyo al TLC, el uso de recursos públicos, los engaños a gente humilde sobre los beneficios del TLC, las amenazas a trabajadores de empresas privadas o a empleados públicos, las estrategias de miedo o de desacreditación personal, deben cesar. Si gana el “sí” porque, por ejemplo, se utiliza la institución de la Presidencia de la República para decirles a los trabajadores que hoy se movilizan en bicicleta que con TLC lo harían en motocicleta BMW, o que sin TLC Costa Rica se cierra al comercio internacional, pierde el acceso al mercado de Estados Unidos y será como Albania en tiempos de la Guerra Fría, muchos sectores considerarían que el referéndum no decidió en justicia, verdad y equidad. De la misma forma, impulsar la agenda de implementación del TLC en la Asamblea Legislativa antes del referéndum, también es una afrenta contra las posibilidades definitorias del referéndum. Una vez que las(os) ciudadanas(os) escojan en el referéndum, se debe decidir el futuro del TLC y de esa agenda, no antes. Si el proceso del referéndum es justo y transparente, cualquiera que sea su resultado, todos asumiríamos que el pueblo habría emitido su veredicto sobre el modelo de desarrollo para el país. Así, pasaremos a un período de tranquilidad y con altos niveles de gobernabilidad. La lucha contra este TLC no es una disputa contra un Gobierno, contra un partido político o contra un sector o un grupo de personas. En ella están comprometidos empresarios, académicos, profesionales, agricultores, trabajadores, ambientalistas, amas de casa, jóvenes, sacerdotes, pastores evangélicos, liberacionistas, socialcristianos, etc. Tanto los del “no” como los del “sí” tenemos interés en que Costa Rica siga adelante en paz y que mejore la efectividad del sistema político y administrativo para tomar y ejecutar decisiones. Si se dan las condiciones adecuadas, el referéndum, además de decidir sobre el TLC, jugaría un papel básico en el logro de estos importantes objetivos. He ahí la enorme responsabilidad de los medios de comunicación, de las autoridades gubernamentales y, sobre todo, del Tribunal Supremo de Elecciones.
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