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Paz con la naturaleza

Es extraño que el relanzamiento de la idea de don Abel se apoye en entes biocolonialistas

Freddy Pacheco
Catedrático, UNA

Aunque invitado especial, como reconocimiento por haber proclamado ante la ONU la declaratoria de “Paz con la naturaleza” hace cinco años, no vemos que el relanzamiento de esa idea de don Abel Pacheco esté siguiendo el mismo sendero trazado por el expresidente.

La esencia. Pese a a su Ministro del Ambiente, Pacheco abogó por una paz en la que no cupiera la amenaza de la explotación petrolera sobre el ambiente caribeño, en particular sobre los recursos marinos y las poblaciones de tortugas, y con especial atención al potencial turístico del litoral limonense.

Su “paz” también tuvo mucho que ver con la defensa del ambiente ante los embates de compañías dispuestas a sacrificar los recursos naturales en su afán de extraer, a cielo abierto, valiosos recursos minerales, gracias a la aplicación de un código de minería obsoleto.

Esa paz proclamada por don Abel tenía que ver con garantías ambientales constitucionales que, resueltas sus imperfecciones, podrían haber sido un hito en ese esfuerzo nacional por un ambiente ecológicamente equilibrado y en un estatus formal superior para los principios preventivos y precautorios, muchas veces incomprendidos.

El hecho de que su Ministro, encargado de promover con energía y plena dedicación dichas tareas, hubiera provocado, incluso, el reclamo público de la Defensoría de los Habitantes por incumplimiento no desmerece las intenciones de don Abel. Por ello, aplaudimos el homenaje que don Óscar Arias le hace como gestor indiscutible de la campaña que se inicia.

Inconsistencias. Sin embargo, no todas las piezas del rompecabezas parecen calzar en la actual gestión. Y es que no cabe un relanzamiento de “Paz con la naturaleza” mientras se mantiene vigente el decreto ejecutivo de don René Castro y don José María Figueres, que eliminó todos los requisitos ambientales que el Reglamento a la Ley de Hidrocarburos establecía como paso previo a la firma de los contratos de explotación de petrolera. Asimismo, choca contra esa paz el acoger el proyecto de ley que pretende sustituir el estatal Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac) por un parásito regido por normas comerciales privadas, que tendría bajo su mandato un rico territorio de más de 15.000 kilómetros cuadrados, incluidos los parques nacionales actuales y los futuros.

Otra pieza extraña a esa relanzada paz es que en la práctica se apoye financieramente en entes biocolonialistas como Conservation International y Critical Ecosystems Partnership Fund , que muestran vínculos entrañables con transnacionales petroleras, mineras, farmacéuticas, y comercializadoras de agua y de alimentos, entre otras.

Este es un asunto de la mayor trascendencia pues ahora, como nunca, los costarricenses hemos de estar sumamente celosos de los embates privatizadores que, originados en el Banco Mundial, llegan a nuestra Costa Rica cual tsunamis incontenibles.

Discernir y separar. Como apenas estamos en los albores de esa idea acogida por don Óscar Arias, confiamos en que el Presidente sabrá discernir y separar los contaminantes que hoy amenazan la campaña que se inicia. Conlleva un profundo compromiso con los costarricenses de hoy y de mañana, quizás el más importante de la gestión de un gobernante. Si logra liberarse, con audacia, de los componentes que ensombrecen y obstaculizan algo que, bajo otras circunstancias, le garantizaría el apoyo de casi todos los habitantes, al final de los poco menos de tres años que le quedan de gestión podrá estar satisfecho. Con especial respeto se lo sugerimos.

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