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Estos tres meses La Sala Constitucional ha despejado el camino, clarificado las ideas y puesto la decisión en nuestras manosEl mensaje del miedo, la manipulación y el sofisma debe ceder su lugar a la esperanza y la determinación de vencer el inmovilismo y la pobreza La Sala Constitucional resolvió, el martes pasado, por cinco votos contra dos, que el Tratado de Libre Comercio(TLC) de Costa Rica con Centroamérica, República Dominicana y EE. UU. no viola la Constitución Política ni desde el punto de vista sustantivo ni del procedimiento. Las consultas de constitucionalidad habían sido presentadas por la Defensoría de los Habitantes y 18 diputados. Allanado el camino, el referendo convocado por el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) se llevará a cabo el 7 de octubre próximo. La declaración inmediata de la Defensoría de los Habitantes sobre el fortalecimiento de la institucionalidad del país, en vista de este fallo, recoge el pensamiento y las ilusiones del pueblo de Costa Rica, nutrido por una larga tradición de respeto al Estado de derecho y a los tribunales de justicia. Los intentos de descalificación de la Sala Constitucional y de la institucionalidad democrática, en forma velada o explícita, han provenido, como era de esperar, de un grupo minoritario, ideológico o político, que, en modo alguno, representa el pensamiento y los ideales de nuestro pueblo. En esta actitud vigilante y respetuosa de respaldo, de palabra y de hecho, al Estado de derecho y a la democracia, nos mantendremos siempre. El camino del TLC ha sido arduo. Firmado el 26 de enero del 2004 y remansado por la administración Pacheco, temeroso de la reacción de sectores extremistas, tuvo que atravesar el proceso electoral pasado para desembocar, con el triunfo del presidente Arias, en la Asamblea Legislativa. Mientras tanto, los otros países firmantes lograron la respectiva ratificación sin demora, convencidos de su imperativo histórico y de la trascendencia y necesidad del TLC para sus pueblos. Tampoco los partidos políticos nacidos al calor del marxismo-leninismo fueron, en dos casos, obstáculo invencible o retrasaron el proceso. Supieron ver lo que aquí algunos han convertido en mero instrumento de redención política o de trasnochada nostalgia ideológica, basados en un reglamento interior de la Asamblea Legislativa hecho a la medida de los intereses personales o partidarios, ajenos al bien común o al interés público. La Sala Constitucional ha despejado el camino. El montaje de sofismas y miedos creados bajo el alero del TLC se ha derrumbado y queda expedita la vía para el referendo. La institucionalidad democrática, la gran victoriosa, debe guiar los pasos siguientes hasta el 7 de octubre próximo. Así debemos entenderlo todos. La institucionalidad democrática no es una mera abstracción, una invocación o un artificio para decir una cosa y hacer otra. Es un valor esencial y la metodología más apropiada para contener los excesos y para vivir y progresar en libertad y en paz, para resolver los problemas que nos aquejan y para hacerles frente a los desafíos, cada día más apremiantes, de la realidad nacional e internacional. Esta es, pues, una gran oportunidad para rectificar y orientar al país. Se ha dicho, por ello, con toda razón y asidero en los hechos, que el TLC es solo la puerta de entrada. La gran tarea viene después, inscrita en la agenda complementaria, esto es, en las grandes reformas estructurales que, desde hace años, anhelan sobre todo los sectores más necesitados del país y que hacen antesala en espera de un liderazgo prudente, lúcido y firme, de una amplia comunión de voluntades en lo fundamental y concreto, y de fidelidad a los valores éticos, fundamento de la política. Es mucho el tiempo perdido y son muchas las millas que debemos recorrer para ponernos al día y alcanzar más altas metas. Este es el mensaje y el impulso de estos tres meses.
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