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Un tema de gobernabilidad

Alarma que se desvirtúe la esencia democrática de lo que debería ser un gran debate

Jorge E. Sánchez Sibaja
Diputado

El próximo 7 de octubre Costa Rica hará historia, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, al hacer gala de soberanía y democracia en una votación nacional para decidir el destino del Tratado de Libre Comercio de Centroamérica y República Dominicana con los Estados Unidos.

Este acto de participación ciudadana nos tiene que llenar de orgullo, pero también de preocupación, porque hoy esta en juego más que un tratado de libre comercio, más que la mera aplicación del referéndum, más que un tema sobre agendas de implementación o complementaria; hoy nos debatimos sobre un tema de gobernabilidad.

Cuando una democracia empieza a dar malas señales, tales como falta de interlocutores válidos respecto a los intereses de los diferentes sectores, producto de que estos no los tienen o no los quieren tener, porque sus líderes ciertamente se vuelven mediáticos, personalistas y alejados de una visión país, se trata de un tema de gobernabilidad.

Por todo eso, es alarmante ver cómo se desvirtúa la esencia democrática de lo que debería ser un gran debate, que enriquezca la discusión sobre aprobar o no un tratado de libre comercio con una nación tan poderosa como los Estados Unidos, para caer en posiciones extremas y dogmáticas entre el sí y el no.

Tradición y valores. Resulta, pese a todo, que el método que hemos escogido para decidir sobre este tema, muy a lo costarricense, ha sido un referéndum, lo que refleja al mundo nuestra tradición y valores republicanos, que han traspasado las fronteras por ser una de las primeras ocasiones en Latinoamérica en que una agenda comercial se somete a la consideración popular.

Pero resulta contradictorio que, en lugar de estar contentos, en lugar de estar eufóricos, de estar en las calles, casas, escuelas, universidades, en los foros exponiendo nuestros puntos de vista, porque los vamos a someter a uno de los sistemas más genuinos de la democracia, como la votación en una urna secreta, sucede todo lo contrario: estamos viendo cómo serruchamos el piso al otro, estamos más enfrascados en el procedimiento, en la leguleyada, estamos más abstraídos en el tropezón del adversario que en la carrera propia.

No basta fomentar instrumentos democráticos por sí, sino se propicia una verdadera cultura democrática que los sustente; de lo contrario, las consecuencias graves no serán para un tratado de libre comercio ni para la institución del referéndum, sino para la gobernabilidad nacional.

Nos encanta salir en la foto del momento, siempre y cuando sea deslegitimando al que nos adversa y no proponiendo nuestras propias tesis. Por eso mismo hoy no podemos dejar de expresar esta preocupación por la gobernabilidad del país.

Hoy sí y mañana también, citamos a conveniencia una resolución de la Defensoría de los Habitantes; si no está de acuerdo con nuestros intereses, buscamos una de la Contraloría General de la República; y si tampoco nos resulta propicia, corremos a buscar una resolución de la Procuraduría y pronto terminamos en el Tribunal Supremo de Elecciones. Es más, llegamos incluso al extremo de lesionar la legitimidad de las instituciones, criticándolas si no responden como queremos.

Socorridas triquiñuelas. Y, como ya casi todo el mundo opinó, usamos la triquiñuela de la consulta constitucional para ver si con ello deslegitimamos al Tribunal o a la Procuraduría o a cualquier otro que haya opinado antes.

No estamos fomentando una democracia constructiva, estamos impulsando una típica “democracia” serruchapisos. ¡Qué tristeza, para quienes nos toca ser testigos de esta tendencia hacia la destrucción de la misma democracia!

Esto es triste para dos generaciones: la visionaria de la década de 1940, que se adelantó 50 años en la historia –¡qué tristeza si nos vieran en estas triquiñuelas baratas, en vez de estar pensando en la visión país– y, más aún, para la de nuestras hijas e hijos, que no pueden estar conscientes en estos momentos de la clase de país que les estamos heredando: complejo, obstruccionista, sin visión, sin construcción, que confunde democracia con demagogia; un país donde los filibusteros externos modernos están viendo terreno fértil para manosear nuestro sistema democrático.

Hoy, más que nunca, se requieren liderazgos, se requieren interlocutores válidos, pero, sobre todo, se requiere una profunda y vasta discusión sobre una agenda temática para Costa Rica.

Ayudemos todos a la gobernabilidad del país.

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