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Es mejor enseñar a pescar que dar pescado Efraín Solís Ureña En La Nación del pasado 12 de junio leí sobre los 700 kg de alimento que dieron a los habitantes de Talamanca. Si bien es cierto que estas personas viven en precarias condiciones, sería más importante enseñarles a valerse por sí mismos, darles asistencia técnica para desarrollar programas que les permitan producir eficientemente y la infraestructura que les facilite vender sus productos, sin que se pierda su entorno cultural, porque, como decía don Pepe, es mejor enseñarles a pescar que darles pescado. También sería importante que los periodistas visiten a verdaderos campesinos que han salido adelante, como en la zona de Los Santos, en Pérez Zeledón y en otros lugares, porque vivir en el campo y no tener elotes, yuca, plátano, frijoles, chanchos y gallinas y otros alimentos para subsistir es inaceptable. Propia experiencia. Como campesino nacido en Santa María de Dota, recuerdo que mi madre, con los más pequeños, cuidaba cerdos y gallinas, ordeñaba la vaca, hacía queso, natilla y mantequilla que se vendía en San Marcos, mientras los mayores de la casa trabajaban en el campo, y se cosechaba café, maíz, cubaces, frijoles, caña de azúcar y papas. Dado que el terreno es montañoso, los productos se transportaban al hombro hasta donde llegaba la bestia; de ahí, con caballos hasta donde entraba la carreta; luego en carreta, por caminos de barro, hasta la troja cercana a la casa, para esperar mejores precios y sacar, con bueyes, desde Santa María hasta Cartago, por aquel camino empinado, aquellos frutos que generosamente nos daba la tierra, regados con sudor y duro trabajo. También a pie, cruzando el Cerro de la Muerte, mi padre iba hasta Pérez Zeledón a comprar bueyes; luego de amansarlos, se los vendía a don Pepe en La Lucha. Además, siendo campesinos, llegamos a armar y desarmar motores de buses, instalar frenos de motor y otras labores de mecánica, a raíz de las necesidades que se nos iban presentando. Tiempo atrás, ya habíamos construido una planta eléctrica, en una quebrada cerca de la casa, para nuestras necesidades. Condiciones actuales. Pongo esto de ejemplo porque ser campesino no es sinónimo de miseria, sino de lucha y duro trabajo, máxime ahora que existe el Ministerio de Agricultura, el CNP y un sinnúmero de instituciones que se supone deben impulsar proyectos de desarrollo y velar por la diversificación de cultivos sin deteriorar el ambiente, para que no solo los habitantes de Talamanca puedan salir adelante, con la debida atención en salud, educación y todo lo necesario, sino todos los pocos campesinos que aún sobreviven en diversas zonas del país.
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