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Cultura del castigo

Existen alternativas para sensibilizar a los padres de familia en la crianza de sus hijos

Ricardo Céspedes Saborío
ricardo_cespedes22@hotmail.com
Estudiante de Derecho, UCR

Con respecto al proyecto de ley que prohíbe a los padres castigar o maltratar física y emocionalmen- te a los hijos menores de edad, debo decir que me sorprende que haya generado tanta oposición en la opinión pública, sobre todo de algunos llamados expertos en Derecho de Familia.

Debemos tener claro que el maltrato físico no debe estar presente nunca al disciplinar a un niño o niña. Suficientes estudios comprueban que el castigo a los menores de edad, lejos de contribuir a la disciplina, produce traumas que tarde o temprano afectarán a todos, y, muy probablemente, a sus propios hijos.

Es lógico que cuanto menor sea el niño o niña, mayor será el riesgo de sufrir esos traumas; pero más allá de estos, existen consecuencias inmediatas del maltrato físico y emocional que se pueden manifestar de múltiples formas, principalmente en su salud integral.

Oposición cuestionable. No obstante, el proyecto mencionado ha generado controversia porque no incluye ninguna sanción contra los infractores. No es cierto que la prohibición tenga como consecuencia que los padres pierdan autoridad en la crianza de sus hijos, estos planteamientos han sido superados desde hace muchos años en nuestro país y en el mundo.

Tampoco resulta cierto que Costa Rica sería el primer país en prohibir el castigo físico a los menores de edad; puedo mencionar a Suecia, que lo hizo ya hace varios años, y en general a todos los países del mundo –incluyendo el nuestro–, excepto Estados Unidos y Somalia, que ratificaron la Convención Internacional Sobre los Derechos del Niño y la Niña, de 1989, que reza al respecto en su artículo 2, inciso 2: Los Estados Partes tomarán todas las medidas apropiadas para garantizar que el niño se vea protegido contra toda forma de discriminación o castigo por causa de la condición, las actividades, las opiniones expresadas o las creencias de sus padres, o sus tutores o de sus familiares.

De las consecuencias en la salud integral de los menores víctimas de castigo físico pueden hablar los pediatras y en general los profesionales de la salud a cargo de la atención física y psicológica de los niños agredidos; son numerosos los casos de maltrato en el Hospital Nacional de Niños, y lo más preocupante es que rara vez son denunciados.

Respeto y tolerancia. Debemos abandonar de una vez por todas esta cultura del castigo que algunos insisten en legitimar, probablemente tomando en cuenta sus experiencias personales y la forma en que fueron educados.

Desde luego, para lograrlo no basta únicamente con una reforma al Código de Familia, sino que hace falta un fortalecimiento de nuestro sistema educativo, con el apoyo de los programas y actividades que ofrecen alternativas a los padres de familia para sensibilizarlos en la crianza y educación de sus hijos, y principalmente con la denuncia de las autoridades a cargo de la atención de los menores maltratados.

Precisamente por la vía del respecto, la tolerancia y la solidaridad debemos educarnos y educar a nuestras futuras generaciones. Realmente mucho se habla de que los niños son el futuro, pero, lejos de permitirles desarrollarse y expresar sus ideas (muchas veces distintas de las de sus padres), se les está maltratando físicamente.

Propongo, como lo han hecho muchos ya, abandonar esta cultura del castigo y hacer conciencia de que el daño puede ser irreversible y que representa una amenaza para el futuro de Costa Rica seguir tolerando que un padre o una madre castigue a un niño física o emocionalmente.

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