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Se cierra la ventana No habrá otra oportunidad para un TLC con Costa Rica: llegó la hora de decidirTomás Dueñas Embajador costarricense en EE.UU. Más de la mitad de lo que Costa Rica exporta, lo compra Estados Unidos. Banano, melón y sandía tica se sirve en las escuelas, mientras que en los más finos restaurantes se ofrece tilapia guanacasteca junto a minivegetales cosechados en Cot de Cartago. El café de Tarrazú se ofrece en las 6.280 tiendas de Starbucks, flores de Costa Rica son vendidas en Nueva York y Boston, atún de nuestro Pacífico en Wal-Mart y carne de San Carlos en Puerto Rico. Casi la mitad de los computadores que se venden en EE.UU. tienen componentes fabricados en Costa Rica, y miles de pacientes cardíacos caminan hoy día con la ayuda de un marcapaso ensamblado en nuestro país. De hecho, los ticos hemos encontrado la forma de venderles a los norteamericanos más de 2.000 productos distintos. Más del 55% de lo que se importa proviene de EE.UU. también. De allí recibimos la mayoría de las telas con que confeccionamos prendas, materias primas vitales para nuestra producción local y miles de artículos que nuestros pequeños comerciantes venden en el territorio nacional. Junto a la maquinaria que nos ayuda a producir, viene la última tecnología que nos permite mantener y acrecentar nuestra competitividad. Son miles de artículos que necesitamos para producir y para consumir. Empleo y turismo. Gracias a la inversión norteamericana en Costa Rica, concentrada principalmente en la agricultura, las zonas francas y de servicios, más de 100.000 costarricenses tienen empleos estables y de calidad. Ticos les procesan la contabilidad a empresas como IBM, Microsoft y Procter, mientras que otros jóvenes compatriotas participan en el diseño de la próxima generación de chips para computador. Nadie puede negar que la inversión extranjera ha creado una nueva oportunidad para todos nuestros jóvenes. Del millón y medio de turistas que nos van a visitar, un millón van a ser ciudadanos norteamericanos y van a contribuir al bienestar de miles de ticos que le proveen de algún servicio a la industria del turismo. Algunos hasta comprarán los condominios y casas que se construyen en el Valle Central y en la costa de nuestro Pacífico. Pero hoy, a pesar de lo descrito, estamos en peligro de perder estos logros. Resulta ser que hace varios años, EE.UU. finalmente accedió a negociar una sustitución al régimen que regía nuestro intercambio comercial y de inversión. Ese régimen unilateral, denominado ICC, es un sistema temporal de preferencias que EE.UU. puede modificar, suspender o eliminar por decisión del presidente o del Congreso de ese país, y, por ello, se propuso sustituirlo por un Tratado de Libre Comercio, que otorga derechos y acceso permanente al mercado estadounidense para nuestro país. Después de casi 18 meses de negociación y de consulta con los interesados en el país, se logró concluir lo que se ha llamado el CAFTA-RD, que entró en vigencia el 1/3/06. Desde entonces se ha convertido en ley en El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana, no así en Costa Rica, que tiene hasta el ultimo día de febrero del 2008 para ratificar el acuerdo. Grave falacia. En la discusión sobre el Tratado se ha propuesto una grave falacia, que consiste en asegurar que el régimen preferencial o ICC se mantendrá si Costa Rica rechaza el TLC con EE.UU. Todo lo contrario; los últimos acontecimientos en Washington prácticamente nos aseguran que las preferencias van a desaparecer y muy pronto. Comencemos por recordar que los expertos coinciden en apuntar que los demócratas ganaron las elecciones pasadas basando su campaña en la oposición a la guerra en Iraq, y muchos de los nuevos congresistas fueron elegidos por su oposición al libre comercio. Casi 100 representantes del Congreso denunciaron al CAFTA como una traición al trabajador norteamericano en la primera semana de sesiones. Esto hizo prolongarse por meses la negociación de las nuevas cláusulas laborales y ambientales para los acuerdos con Perú, Panamá y Colombia. De nada han servido las visitas de los presidentes de estos países que han visitado al Congreso en busca de que no se endurezcan las condiciones de sus TLC. Esta misma semana, tanto en el Congreso como en el Senado, hubo declaraciones muy fuertes de los líderes sobre su desagrado hacia los sistemas preferenciales. Para seguir complicando el panorama, la Autoridad de Negociación comercial que el Congreso le otorgó a la administración Bush venció el sábado 30 de junio. Por ello, se corrió a firmar los acuerdos con Panamá y con Corea del Sur porque, después de esta fecha, no es factible negociar un nuevo acuerdo comercial. También vencían las preferencias para los países andinos y, a pesar de que el líder demócrata Rangel pidió una extensión de 2 años, solo pudo conseguir 8 meses más. El ambiente proteccionista en el Senado derrotó una propuesta bipartidista para una nueva ley de inmigración. Por último, la campaña presidencial ya comenzó y, para ejemplo, ningún candidato se ha referido a un acuerdo comercial en ninguno de los debates públicos, con la excepción de la senadora Clinton, que ha manifestado estar opuesta a un TLC con Corea. En conclusión, todo nos indica que no habrá otra oportunidad para un TLC con EE.UU. en mucho tiempo. Ha llegado el momento de decidir.
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