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Un nuevo día Alberto Mora Román Programa ‘Estado de la nación’ Más allá de las buenas intenciones y las quimeras cotidianas, debemos enfrentar nuevos retos y, ante todo, nuestra realidad individual y colectiva. El trasladarnos de casa al trabajo es seguramente uno de los retos colectivos que tengamos que encarar. Sea de Cartago a San José, de Tres Ríos a Pavas, de Heredia a Tibás o de Grecia a la Uruca, prepare su ánimo y su bolsillo para continuar desperdiciando tiempo y dinero. Las presas lo afectarán, viaje usted en autobús o en su carro. Al igual que en otras áreas de nuestro desarrollo, en cuestión de transporte se acabó la vigencia de las soluciones individuales. El pasado lunes 4 de junio, el titular “Nuevos requisitos para operar rutas de autobuses” (en La Nación ), nos llamó de nuevo la atención sobre el vencimiento –en setiembre próximo– de 270 concesiones de las cerca de 700 rutas de autobuses que operan actualmente. Esto constituye una oportunidad de oro para iniciar el rediseño de un sistema de transporte público que hace tiempo dejó de satisfacer las necesidades de los usuarios y de este país. Quizás esta ocasión sea también propicia para ver cómo otros países y regiones del mundo han superado o están enfrentando sus problemas de transporte público. El informe “Estrategias de transporte ante la escasez en el suministro de energía” (2006), preparado por el programa STEPs (Scenarios for the Transport system and Energy supply and their Potential effectS), de la Comisión Europea, plantea algunas pistas que deberíamos considerar para avanzar con visión de largo plazo en este campo. Tres me llaman la atención: 1) Impulsar cambios inmediatos, fuertes y, probablemente, impopulares en las políticas de transporte, agricultura, tecnología y ambiente, para mitigar los riesgos asociados al cambio climático y enfrentar la creciente brecha entre la demanda global de energía y los recursos para satisfacerla. 2) Promover encadenamientos productivos locales y regionales, menor dependencia de los vehículos, asentamientos más densos y vecindarios con mayores facilidades para los peatones. 3) Incrementar los recursos destinados a investigación y desarrollo tecnológico para incrementar los niveles de eficiencia energética y mejorar el transporte público. Todo esto está muy bien. Únicamente, dos detalles: a) Europa es una de las regiones con mayor desarrollo tecnológico y mejores sistemas de transporte público del mundo, y b) estas medidas son preventivas y están siendo discutidas actualmente con base en escenarios a 30 años plazo. En asuntos de desarrollo, la planificación y las políticas de Estado cuentan. La improvisación, en cambio, sale cara y conduce a resultados negativos. Nuestra historia aporta evidencia en ambos casos.
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