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¿Qué piensa hacer en vacaciones? Maureen Herrera Brenes calinguero@gmail.com Periodista Todos aquellos que tienen hijos en primaria de seguro estarán pensando qué hacer con ellos en las vacaciones que se avecinan. Las opciones pueden ir desde el mantel en la Sabana hasta una visita al cine para las familias con más recursos económicos. Si me lo permite, quisiera recomendarle una opción: ¿qué le parece visitar una biblioteca? Si usted ama leer, no necesita mayor invitación, y, si nunca visita bibliotecas, le animo a arriesgarse a ese universo desconocido que le puede abrir más ventanas al mundo que 10 canales de cable. Personalmente, me hice clienta de la Biblioteca Pública de Goicoechea desde hace algunos meses. Desde entonces, en mi casa hemos visitado los mundos del soldado Trifaldón y hemos reído hasta las lágrimas con el cuento de la gallina que se tragó una avellana, se murió, la zorra se la comió, la rescató el cazador y volvió a la vida. Yo, como adulta, viajé a Japón para conocer la vida de las geishas y conocí la solidaridad en medio de la pobreza entre los personajes de un pueblo llamado Tortilla Flat, de John Steinbeck. Buenas razones. ¿Por qué leer? Los especialistas tienen mil razones: despierta la imaginación, enriquece el uso del lenguaje y nos ayuda a crecer en tolerancia, por cuanto nos muestra otras formas de interpretar el mundo. Son razones más que válidas; sin embargo, yo tengo otra más, que me parece no menos importante: es de lo más entretenido y placentero. La lectura contrasta con tanto placer destructivo que abunda en nuestro tiempo. Mientras nos divertimos, los amantes de los libros viajamos a sitios que tal vez nunca podremos visitar, escuchamos la voz de gente sabia y jamás nos aburrimos en las noches en que se va la luz. Si usted cree que el asunto de leer es solo para gente estudiada, como decimos en el campo, déjeme contradecirlo. Mi papá llegó hasta sexto grado, pero amaba leer. Por su ejemplo conocí la Biblia, a Julio Verne y decenas de revistas de Selecciones. Durante mi infancia me regaló un tomo viejito, de una compraventa, con adaptaciones de obras clásicas. Así me di cuenta de que existían Víctor Hugo, Walter Scott, Mark Twain y William Shakespeare. Fue hasta bien entrada en mi adolescencia cuando me enteré de cómo se pronunciaba en inglés el apellido del último, quien por años fue para mí William Chaquespeare . Así que lo animo. Lleve a los niños de su familia a una biblioteca estas vacaciones. Solo el Ministerio de Cultura ofrece 58 en todo el país. Apague la tele un ratito y dese la vuelta.
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