 Cristina Fernández de Kirchner
(AFP)
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BUENOS AIRES (AFP) -
La candidatura presidencial de la primera dama y senadora argentina, Cristina Fernández, con alta imagen positiva pero menor intención de voto que el mandatario Néstor Kirchner, buscará evitar al Gobierno el desgaste de la gestión mientras una desarticulada oposición sueña con llegar a un balotaje en octubre.
"Nos encontramos en presencia de un candidatazo fenomenal como es Cristina", afirmó este lunes el ministro del Interior, Aníbal Fernández, al destacar que la senadora tiene entre 46% y 48% de intención de voto y un 65% de buena imagen, según sondeos.
El jefe de Gabinete y mano derecha de Kirchner, Alberto Fernández, confirmó la noche del domingo la postulación de Cristina Fernández, de 54 años, como candidata presidencial del oficialista Frente para la Victoria (FV, peronista progresista) para la elección del 28 de octubre.
"Cristina, el cambio recién empieza", es la leyenda de afiches con el rostro de la candidata que tapizaron este lunes el centro de Buenos Aires.
La candidatura será lanzada en un acto el 19 de julio en La Plata (60 km al sur), la ciudad natal de la primera dama y capital de la provincia de Buenos Aires, el mayor distrito electoral del país con 40% del padrón.
El misterio se develó tras varios meses en los que Kirchner mantuvo el suspenso sobre si intentaría su reelección o si su esposa sería la candidata para conducir el país los próximos cuatro años.
El mandatario desistió finalmente de seguir en carrera pese a exhibir en los sondeos "una intención de voto cercana al 60% y una imagen positiva del 75%", dijo el jefe de Gabinete, al sostener que Kirchner "entiende que en esta etapa es bueno renovar, avanzar en el cambio".
No obstante, Fernández aclaró que la postulación de la senadora "supone darle continuidad a todas las políticas económicas" de Kirchner, además de "un avance en la institucionalidad y en la ubicación de Argentina frente al mundo".
Cristina emprendió este año numerosas giras para posicionar su imagen y aceitar las relaciones internacionales.
A partir del 10 de diciembre, Kirchner se dedicará a consolidar un espacio político de centroizquierda y de "concertación plural" por fuera de las estructuras tradicionales del Partido Justicialista (PJ, peronismo), en cuyo seno conviven adversarios y enemigos del matrimonio presidencial.
Esa "concertación" quedará plasmada en la fórmula oficialista que incluirá a un "radical K", como se llama a los aliados de Kirchner dentro de la Unión Cívica Radical (UCR, socialdemócrata), cuya conducción opositora al gobierno, respalda en cambio la candidatura del ex ministro de Economía Roberto Lavagna.
Pese a que las encuestas pronostican un triunfo oficialista en primera vuelta, dirigentes de la oposición estimaron que la candidatura de la senadora abre un escenario más favorable a un balotaje en octubre.
Para que no haya segunda vuelta en las presidenciales, un candidato debe obtener el 45% más uno de los votos o entre 40% y 45% con una diferencia de al menos 10 puntos sobre el segundo.
La candidatura de Cristina es "un intento de presentar una nueva cara, más que una continuidad" en la gestión, señaló Lavagna para quien el balotaje está asegurado en octubre.
Según Lavagna, la senadora representa "un sutil giro a la derecha" del gobierno, que viene sufriendo derrotas electorales en varios distritos, entre ellos en Buenos Aires, donde el derechista Mauricio Macri ganó la alcaldía.
"Está claro que Cristina es una candidata más débil. Este anuncio es una buena noticia para la oposición. Esto nos pone en una doble vuelta seguramente", dijo el senador radical Gerardo Morales, quien acompañará a Lavagna en la fórmula presidencial.
Además de Lavagna, también están en carrera, entre otros, el economista de derecha Ricardo López Murphy y la socialcristiana Elisa Carrió, quien se negó a opinar sobre el anuncio oficial.
"El presidente calcula bien, porque su deterioro es muy grande y es mejor presentar una imagen de renovación", advirtió López Murphy, quien aún espera un respaldo explícito del ascendente Macri para llegar al balotaje.
Según el economista, Argentina mostrará en octubre "una inexorable caída del oficialismo en la opinión pública y una fragmentación en el frente opositor".
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