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Sobre innovaciones institucionales La rana se convenció del argumento del escorpión y accedió a llevarlo en su espaldaJairo Acuña Alfaro jairo.acuna@sant.ox.ac.uk Candidato a Doctor, Universidad de Oxford Un escorpión quería cruzar el río, por lo cual le preguntó a una rana si lo podía llevar al otro lado. “No”, le dijo la rana. “No, gracias. Si te llevo en mi espalda, podrías picarme y la picada de un escorpión es letal”. “Ahora, ¿dónde”, preguntó el escorpión, “está la lógica de eso?” (Como si los escorpiones siempre trataran de ser lógicos). “Si te pico, morirías y yo me ahogaría”. La rana se convenció del argumento del escorpión y accedió a llevarlo en su espalda. Sin embargo, justo a la mitad del río, la rana sintió un terrible dolor y se dio cuenta que, después de todo, el escorpión la había picado. “¡Lógico!”, lloró la rana mientras moría y comenzaba a hundirse, llevándose consigo al escorpión. “¡No hay lógica en esto!” “Lo sé” respondió el escorpión, “pero no puedo evitarlo: es mi naturaleza”. Esta es quizás la metáfora más famosa de Orson Welles para demostrar la importancia de comprender la naturaleza humana. ¿Pero que tiene que ver esto con innovaciones institucionales? Muy simple, ante problemas de desarrollo y trabas burocráticas, la naturaleza política costarricense ha sido la de inventar y crear instituciones para “solventar” problemas puntuales, evitando así la confrontación con la causa del problema. Soluciones a la tica, que a la postre han terminado creando duplicidades que desafían la lógica del desarrollo. Ante un problema por ineficiencia, la solución ha sido crear una nueva estructura que tarde o temprano terminará por empeorar la situación y hundiendo tanto la fuente del problema como la solución. Como lo señaló un reportaje reciente de La Nación (“Asamblea Legislativa crea cinco instituciones nuevas por año”, 4 de junio), en los últimos 15 años, la Asamblea Legislativa convirtió al Estado en un pulpo con más brazos de la cuenta y que entre sí carecen de coordinación. Esto se llama descoordinación y carece de lógica, pues crea una fragmentación y dispersión que diluyen responsabilidades. Sin embargo, esto no es algo nuevo y parece ser parte de la naturaleza del sistema político. Un estudio de Ronald Alfaro, del Estado de la nación , documenta cómo se han venido gestando periodos de “institucionalización” en el país; así durante el “periodo republicano” de 1821 a 1848 solamente 41 instituciones fueron creadas (0,6 por año en promedio), durante el periodo de “liberalización del periodo republicano” de 1889 a 1918 se crearon 29 instituciones (1 por año). En el periodo de “inclusión politica” de 1919 a 1948 creó en promedio 1,2 instituciones por año. La explosión se inicia en el “periodo de instauración democrática” de 1949 a 1975, cuando se crean 49 entidades para un promedio de 3,6 por año. Recientemente de 1976 al 2004, durante el denominado periodo de “ampliación democrática” se crearon 167 entidades públicas, para un promedio de 6 por año. Así como las instituciones no operan en el vacío, éstas raramente se crean desde el inicio; al contrario, las instituciones constituyen un compromiso de arreglos anteriores. En este sentido, el análisis del diseño institucional y las innovaciones institucionales debe partir del reconocimiento que la misma naturaleza intrínseca de las reformas institucionales, lo hace distinto en cada caso. Las innovaciones institucionales incluyen al Estado, pero también lo rebasa al incluir a la sociedad, e incluye elementos de relevancia para el funcionamiento de instituciones contraloras como la Contraloría General y la Defensoría de los Habitantes. Instituciones claves para la rendición de cuentas, efectividad del gobierno, régimen de derecho y control de la corrupción. Los Estados democráticos, con el fin de crear un ambien- te político y legalmente conductivo, necesitan del respaldo y aprobación de la sociedad para facilitar las interacciones políticas y sociales, tales como la movilización de grupos en actividades económicas, sociales y políticas. La debilidad institucional de los organismos públicos del Estado, tiene consecuencias inmediatas, ya que se traduce en falta de capacidad técnica, limitados recursos financieros, duplicación de roles en la función pública y la existencia de vacíos legales en responsabilidades públicas. Las innovaciones institucionales, por lo tanto, en los próximos años deben girar en torno a fomentar este tipo de discusiones, más allá de una gran reforma del Estado, la cual nunca llegará. De lo contrario, la lógica del escorpión tarde o temprano nos alcanzará.
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