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/LA NACIÓN

Medio presidente

La revolución se hace con el pueblo, mas no sin más de la mitad de este y parte del ejército

Vladimir Gessen
Psicólogo y comunicador venezolano

Una revolución la puede hacer el pueblo y su vanguardia junto con las fuerzas armadas, sin las fuerzas armadas, pero nunca contra las fuerzas armadas, diría Lenin. El problema es que la revolución venezolana está ignorando prácticamente a más de la mitad de la población. Parodiando a Vladimir Ilyich1, la revolución se puede hacer con el pueblo, pero ¿se lograría sin más de la mitad del pueblo y una parte de las fuerzas armadas?

Venezuela está dividida. De una parte encontramos que un 40% son seguidores del presidente Chávez, a quienes llamaremos “chavistas”. Otro lado lo conforman también un 40% de opositores de distintos niveles, que abarca desde la oposición golpista, pasando por los radicales, la oposición constitucionalista, hasta los opositores dentro del sistema que admiten y reconocen la presidencia de Hugo Chávez. Por último, existe un 20% de venezolanos “in crescendo” que piensan que el MVR y el Gobierno actual han tenido aciertos y desaciertos, al igual que la oposición. Coinciden con quien defienda los derechos humanos, los derechos civiles y la libertad y otros valores como tolerancia, paz, avenencia, armonía y equilibrio social.

Los extremistas del Gobierno añoran a Stalin y los de la oposición, a Pinochet. Si ellos logran imponerse en sus espacios posibles, Venezuela estará perdida. Cuando los pueblos se dividen y siguen perspectivas irreconciliables, la guerra civil o la sublevación será cuestión de tiempo. Así ocurrió en los Estados Unidos y en España, más reciente en la Europa del Este, Chile y permanentemente en Colombia.

Una caricatura. Por esto, quienes se sitúen en el centro tienen una enorme responsabilidad porque tendrán que fortalecer a las fuerzas democráticas dentro del “chavismo” y de la oposición, los cuales aún son mayoría.

Sin embargo, la dificultad mayor es hacerle entender al propio Hugo Chávez que si quiere hacer la revolución “bonita” y en libertad es imperativo que asuma posiciones ponderadas y que deje de ser el presidente de solo una parte de los venezolanos.

En caso contrario, jamás podrá forzar su revolución: se llamará dictadura sin importar mucho el apellido “del proletariado”. Será entonces una caricatura de la revolución bolchevique que luego de 70 años fracasó, precisamente porque se realizó sin todo el pueblo. Fue una dictadura de la vanguardia, del partido, en contra de los ciudadanos.

El sueño de una democracia socialista es factible, mas debe convencer en lugar de dominar, sojuzgar y obligar. Debe permitir, no prohibir.

Para alcanzar un gobierno en el que se proporcione la mayor felicidad al pueblo y la prosperidad y el bienestar alcance a todos, el presidente tiene imperativamente que ser el centro del país por definición. No puede estar en los límites o márgenes ni ser precisamente el más radical.

Si se ubica en lugar equidistante de las partes en pugna será el líder que logre la confluencia de la inmensa mayoría. Apenas quedarán por fuera una exigua minoría de extremistas fanáticos y de sectarios violentos que al fin y al cabo no creen en el socialismo, la libertad, la democracia y los valores consagrados en nuestra carta magna.

Presidente Hugo Chávez: millones de venezolanos demócratas, de todas las tendencias, aspiran a que usted llame al reencuentro y la conciliación para buscar los puntos de coincidencia sin abandonar las respectivas posiciones y creencias. Hágalo y verá que se sorprenderá de cuántos le acompañarán con ese fin. Sea un presidente completo, no medio presidente, de media Venezuela.

©FIRMAS PRESS E.mail:vgessen@centv.net

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