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Centroamérica nos aventaja Voto del referendo será por un país moderno y abierto, o por uno inmovilizado y aisladoFernando E. Naranjo ExMinistro de Relaciones Exteriores Es difícil entender la actitud de algunos costarricenses. Vivimos el mundo de la integración económica a través del comercio de bienes y servicios. Costa Rica ha sido, en los últimos veinticinco años, un partícipe activo de este proceso de integración mundial. Mientras muchas naciones buscan con todo fervor la posibilidad de negociar acuerdos comerciales con los principales bloques económicos del mundo, los costarricenses, nos debatimos en una maraña de argumentos falsos, e inclusive tendenciosos, en torno al convenio comercial que hemos suscrito con la República Dominicana, los países centroamericanos y los Estados Unidos. Todavía seguimos esperando que “se aclaren los nublados del día”(!!!). Hace 25 años, Costa Rica inició un nuevo proceso nuevo de apertura económica, durante la administración de Luis Alberto Monge, convirtiéndose en el líder de la región. Le correspondió luego a Rafael Ángel Calderón ser el primer presidente en negociar, durante su administración, un tratado de libre comercio, en ese caso con México. Posteriormente, las administraciones Figueres Olsen y Rodríguez Echeverría continuaron este proceso de apertura comercial y económica en Costa Rica. Finalmente, fue durante la administración Pacheco de la Espriella que se firmó el tratado de libre comercio entre los países centroamericanos, la República Dominicana y los Estados Unidos de Norte América. En realidad, el tratado crea una zona de libre comercio entre estas siete naciones, algo mucho más amplio que un convenio comercial con los Estados Unidos. El ejemplo de Costa Rica. Costa Rica tiene una larga historia de aprovechamiento de las oportunidades comerciales que se inicia desde el siglo XIX. Siempre hemos sido suficientemente audaces para enfrentar los retos y sacar provecho de las oportunidades. En el mundo se menciona con frecuencia a Costa Rica como ejemplo de un pequeño país que ha aprovechado los procesos de integración y globalización a los que se ha enfrentado. Luego de la creación y consolidación de esta zona de libre comercio, deberá venir una negociación comercial con la Unión Europea y, posteriormente, tal como lo ha anunciado el presidente Arias Sánchez, una negociación con China. Esta estrategia de desarrollo, aprovechando las oportunidades comerciales, le permitirá a Costa Rica acelerar su proceso de crecimiento económico y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, a través de la creación de más empleos, mejor remunerados, en particular para las generaciones más jóvenes. El 7 de octubre, los costarricenses debemos tomar una decisión de la mayor trascendencia. ¿Continuaremos este proceso de apertura económica e inserción inteligente en el mundo de la globalización, de modo que podamos aprovechar nuevas oportunidades para intensificar el desarrollo en las próximas décadas, o, por el contrario, nos vamos a aislar económica y políticamente de Centroamérica, de la República Dominicana y de los Estados Unidos de Norteamérica (principal socio comercial de Costa Rica)? La decisión no será decir sí o no a un convenio comercial. Será si continuaremos modernizando nuestro país, o por el contrario le negaremos la oportunidades de mejorar las condiciones de vida en especial a para los grupos más jóvenes de la población, a los agricultores y en general a los trabajadores. Es triste reconocer que en los últimos años Costa Rica se está convirtiendo en una pesada carga para Centroamérica. Perdimos el liderazgo que tuvimos en el pasado. Nos quedamos rezagados en aptitud, decisiones y acciones concretas. Los países centroamericanos están haciendo su tarea, en tanto nosotros seguimos enredados en nuestros propios mecates. Con esta actitud corremos el riesgo de quedar fuera de la negociación comercial con la Unión Europea. Aunque duela aceptarlo, la verdad es que otros países de Centroamérica nos están aventajando. Costa Rica fue el país con el ingreso por habitante más alto de la región. Sin embargo, este año Panamá nos va a superar. La diferencia está en que los países vecinos tienen un concepto claro de la conveniencia y urgencia de modernizarse, mientras nosotros no tomamos las decisiones oportunamente. Nuestras familias. Lo que leímos en la prensa hace algunos días no debe extrañarnos. Funcionarios gubernamentales de los países vecinos tratan de atraer inversiones productivas a sus países. Mientras ellos pueden mostrar que sus productos de exportación tendrán acceso permanente al mercado más grande del mundo que es los Estados Unidos, Costa Rica todavía debate si quiere o no tener acceso permanente a ese mercado. Los beneficios unilaterales que ese país nos ha concedido por dos décadas llegarán eventualmente a su final, con un evidente perjuicio para los productores y trabajadores nacionales que laboran en esos procesos productivos. Las familias costarricenses podrían empezar a sentir ese problema muy pronto. Por varios años, Costa Rica ha sido un imán de atracción de inversiones extranjeras que han venido a complementar la inversión nacional. Así mismo, hemos recibido importantes cantidades de trabajadores que buscan oportunidades de empleo en nuestro suelo. En la eventualidad, que no creo llegue a ocurrir, de que el 7 de octubre una mayoría vote por no intensificar las relaciones comerciales con Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos, las tendencias favorables de los últimos años se van a revertir. Difícilmente el país recibirá nuevas inversiones productivas, si no vamos a tener acceso a los mencionados mercados, con lo cual, obviamente, perderíamos independencia y libertad. Los pueblos más independientes son los que tienen seguridad en su comercio. Los tratados comerciales nos dan esa garantía. Sería muy triste que las oportunidades de empleo ya no estén en Costa Rica, sino en otros países vecinos. No deseo ver a los costarricenses migrando en busca de oportunidades de empleo que nuestra patria no les puede brindar. O seguimos desarrollando nuestro país o irremediablemente nos vamos a empobrecer. La decisión no es simplemente un tratado comercial. El 7 de octubre los costarricenses votaremos si queremos un país moderno, abierto al comercio, más grados de independencia y libertad, o si, por el contrario, deseamos aislarnos económica y políticamente de nuestros vecinos, de los grandes mercados del mundo como lo son los Estados Unidos y Europa y, eventualmente, China. ¡El futuro se encuentra en nuestras manos! Tomemos la decisión con valentía.
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