|
|
|||
|
|||||
|
|
Opinión Yuri Lorena Jiménez yjimenez@nacion.com Periodista Vaya descubrimiento. Pero la trillada frase se vuelve sentencia lapidaria cada día... algunos días más que otros. El miércoles, en la provincia argentina de Santa Fe, un policía de 34 años le dio su pistola a su pequeño hijo, de 9, y le dijo: “O me matás vos a mí, o te mato yo a vos”. Segundos después, el hombre cayó muerto de un balazo en el pecho; el nene en este momento está en manos de expertos que intentarán la imposible misión de resarcir la apocalíptica herencia de su padre. La reseña del macabro suceso demuestra la magnitud de la demencia que se globalizó al tiempo y ritmo de todo lo demás, y que ha permeado indefectiblemente al Deporte Rey. En la reciente Copa de Oro, la sangre caliente volvió a traicionar al técnico Hernán Medford y lo hizo protagonizar un bochornoso incidente por el cual se disculpó rápidamente. El caso es uno entre cientos de episodios –en primera instancia inexplicables– que matizan hoy el futbol mundial y que tienen como primer referente, en lo que va del siglo, el cabezazo de Zidane en la final de Alemania 2006. Por ello, a pocas semanas del arranque del Campeonato Nacional 2007-2008, los protagonistas, encabezados por los técnicos, tienen ante sí el monumental reto de abstraerse de tanta locura y apelar a un elemento cada vez más ausente en las canchas: la nobleza. Estado de emergencia. Que los muchachos asuman como un postulado prioritario el autocontrol: sin dominio de sí mismo debe ser mucho más difícil dominar el balón. Quienes amamos el futbol en su esencia y en su simpleza, casi imploramos porque la diversión retome su puesto en el zacate y “banquee” la irritabilidad, esa actitud de “mirame y no me toqués” con la que ingresan cada vez más jugadores a los partidos de futbol. Rescato, en ese sentido, el grito de auxilio del escritor uruguayo Eduardo Galeano, en su magnífico ensayo El Mundial de Zidane : “Quizás, quién sabe, esa loca embestida fue, aunque Zidane no lo quisiera ni lo supiera, un rugido de impotencia. “Quizás fue un rugido de impotencia contra los insultos, los codazos, las escupidas, las pataditas arteras, las simulaciones de los expertos en revolcones, maestros del ay de mí, y contra las artes de teatro de los farsantes que te matan y ponen cara de yo no fui. “O quizás fue un rugido de impotencia contra el éxito arrollador del futbol feo, contra la mezquindad, la cobardía y la avaricia del futbol que la globalización, enemiga de la diversidad, nos está imponiendo”.
|
|
|||
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |