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¿Ingobernabilidad? La educación es la clave contra la incapacidad y la corrupciónCecilia Valverde Barrenechea cecival6@yahoo.es Muchas personas afirman que Costa Rica es una nación ingobernable. Otras muchas lo niegan, y algunas nada más nos lo preguntamos. Todos en términos generales. Quienes lo afirman se basan en los hechos concretos que juzgan injustos, arbitrarios y contraproducentes y en que las acciones necesarias y obligadas no se realizan, porque parecen inevitables debido a que la causa se encuentra en una intransferible realidad política y legal. Para ellos, entonces, la culpa de los problemas oficiales que el Gobierno no resuelve se debe fundamentalmente a la inadecuada organización jurídica y política. Los más extremistas de esta tesis consideran que a la buena gobernabilidad únicamente puede llegarse mediante la convocatoria a una asamblea constituyente. Pronostican que un cambio radical de la Constitución Política es la única receta que puede conducirnos por el buen camino a la buena gobernabilidad. Parten precisamente de que las equivocadas acciones que no permiten la buena gobernabilidad no tienen origen en debilidades, omisiones y defectos humanos, sino en los textos de la Constitución. ¿Un solo origen? Quienes no están de acuerdo en la tesis de que existe ingobernabilidad, consideran que la causa de los problemas que se atribuyen a ella no hay que buscarla en nuestra organización gubernamental, sino exclusivamente en la incapacidad, la irresponsabilidad y la corrupción de los gobernantes y de los funcionarios públicos. Piensan que los problemas que parecen ingobernabilidad tienen origen casi exclusivamente en la mala, inadecuada o inexistente acción de los gobernantes y funcionarios, por cuanto se ven inhibidos para actuar. En el grupo intermedio, en que me sitúo, creemos que no podemos ser tan optimistas como para suponer que todos los problemas son fáciles de resolver con un cambio de texto constitucional, porque eso significaría suponer que la vida de una nación depende de la letra de un texto, por más primerísima importancia que tenga. Asimismo, pensamos que no podemos ser tan pesimistas creyendo que todo, o casi todo, lo que podemos llamar ingobernabilidad se debe a incapacidad y corrupción más o menos generalizada por parte de quienes gobiernan. Es probable que la Constitución pueda ser mejorada, para lo cual existen medios de reformas parciales, lo que parece más apropiado. Asimismo, será posible reformar las leyes que castigan la corrupción, lo cual puede ser un instrumento para disminuir el problema. Muy abajo. Pero lo fundamental –por lo menos es lo que pienso– la base de ambos problemas, tanto la incapacidad como la corrupción, se encuentra en la educación. Esto es, en toda la educación; en la formativa que corresponde fundamentalmente a la familia, y en la cognoscitiva que en buena parte está a cargo del sistema formal educativo. Y como una y otra partes, desde hace años, se nos presentan muy abajo de lo que deberían ser para disminuir los problemas que causan ingobernabilidad, parece precisamente que el quid de la ingobernabilidad se encuentra, como casi todos los problemas, en la mala educación. La mala educación es nuestro gran problema nacional, y es el tema al que debemos enfrentarnos abierta y valientemente. En la década de 1980, la ANFE organizó un largo simposio de varios días, del cual salió un libro que denunció muchas verdades especialmente preocupantes sobre nuestro sistema educativo. Ahora, más de 20 años después, nos estamos preparando para realizar un segundo capítulo, a la luz –o más bien a la sombra porque parece que todo ha empeorado de lo que sucede hoy– de lo que fue aquello. Será otro largo seminario, auspiciado por la Fundación Naumann, este mes de marzo.
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