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Nuestro eje La niña Victoria, excelente educadora, también era ejemplo de carácter y de vergüenzaVladimir Carazo Médico Con frecuencia, recuerdo a la niña Victoria, maestra de Trabajos Manuales en la Escuela Joaquín García Monge de Desamparados de mi niñez: nos enseñaba carpintería y ebanistería y las utilizaba como excelente excusa para modelarnos. De ella aprendimos que, para sostenerse firme, una mesa necesita apoyarse en un mínimo de tres patas; que una estructura se debe reforzar en unos cuantos puntos claves; que, una vez ensambladas, las diferentes partes deben constituir un todo armonioso; que mazo, gubia, cepillo y lija imprimen el carácter final a la obra, y que los acabados se usan para embellecer, no para tapar errores. Proceso formativo. Sutilmente, sin mencionarlo, cumplía con todas las etapas del proceso formativo de los niños en su camino a convertirse en ciudadanos: educó, instruyó y ejemplificó, porque la niña Victoria era ejemplo de carácter y de vergüenza. Como la mesa de la niña Victoria, nuestro país, que ha sido ejemplo de Estado, república y democracia, basó su estabilidad en tres pilares: salud, educación y juego limpio. Siempre pongo de primera a la salud porque, en su sentido completo: físico, emocional, mental, social y espiritual, es condición necesaria para desarrollar nuestros potenciales de resistencia, estabilidad, inteligencia, solidaridad y devoción, sobre los cuales basar la educación. Pero, la verdad sea dicha, a su vez la salud deriva de la educación: hoy sabemos que hábitos y ambientes saludables son los grandes responsables de la salud y ambos se aprenden y desarrollan a través del proceso educativo. El personal. Así, llego hasta donde quería llegar: la importancia de la niña Victoria. El eje de nuestro país, Estado, república, democracia, fue y debe seguir siendo la educación. En este momento no es, pero está en franco proceso de volver a ser. Don Leonardo está dirigiendo este proceso, lo está haciendo bien y merece el apoyo de toda la ciudadanía consciente. No estoy de acuerdo con él cuando dijo ante la Asamblea Legislativa (La Nación, 22/2/07, pág. 10A): “Lo único que logramos fue hacer las cosas tan mal como se venían haciendo…”. La niña Victoria nos enseñó que no se puede construir con madera apolillada y lo que se está haciendo es mucho, muchísimo mejor que lo que se venía haciendo. Un Ministerio de Educación construido con personal mal educado no puede encargarse del proceso de educar, instruir, forjar carácter e inculcar vergüenza. A propósito: educación viene del latíneducatio : disciplina; instruir también viene del latíninstruere : construir; carácter se deriva del griegokharásso : marcar y vergüenza del latínverecundia : pudor y respeto. Además, nunca vimos a la niña Victoria amenazando con actos sediciosos, promoviendo el desorden, cubriendo su rostro con una máscara ni insultando de palabra o de pancarta. No lo necesitaba. Tenía un objetivo tan claro y un amor propio tan grande…
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