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Misión cumplida

El padre Armando Alfaro, un ejemplo de trabajo, ha hecho historia

Adolfo Bonilla Leiva
Abogado

Nadie se sorprende ante la necesidad de cambios de funcionarios, del rango y por las razones que sean. Esto puede resultar de muchas causas: enfermedad, indisciplina, despido, etc.

Sin embargo, la admirable trayectoria laboral de una persona que es removida de un cargo hace la diferencia. Por ejemplo, sustituir a un corrupto no se compara con sustituir a alguien que ha contribuido positivamente al desarrollo del país. Sustituir a un ineficiente y sustituir a una persona de más de 80 años, que responsablemente y con dedicación asume aún sus responsabilidades, no tiene parangón. Sustituir a un oportunista político por otro cada cuatro años y sustituir a un pionero que en forma silenciosa ha hecho “camino al andar” y ha influido en la historia de la Iglesia costarricense, sin necesidad de ser Obispo, ridiculiza la comparación.

Las personas no se sustituyen porque cada uno es un proyecto único; mucho menos se podrá sustituir la Experiencia –sí, con mayúscula que– solo en el camino de la vida se adquiere.

Hablar ahora del padre Armando Alfaro, dichosa e irrenunciablemente es hablar de parte de la historia nacional, por su incursión en muchos ámbitos del contexto patrio, no solo en el periodismo.

Sacerdote y maestro. Se puede hablar del padre Alfaro como sacerdote, como ciudadano insigne, como maestro de muchos –no solo de periodistas–, como humanista –porque entendió eso de ser de carne y hueso–, como persona reflexiva y prudente –sin renunciar a ser proactivo–, como leal a la Iglesia a la que sirve y como un sabio que sabe estar oportunamente donde hay que estar.

Su condición de director delEco Católico solo es un papel laboral que desempeñó por 45 años –¡nada más!–, labor que acompañó con muchísimos compromisos y trabajos, a lo mejor desconocidos por muchos y hasta olvidados por él mismo, no únicamente por el paso de los años sino, ante todo, porque la vanidad no está en su prontuario de vida.

Hablar del padre Armando Alfaro es un discurso que refiere necesariamente a mucha historia de la Iglesia Católica costarricense; es una referencia al arte de escuchar, a la prudencia y al trabajo cotidiano; es una referencia al amor por un país que se nutre con sus oraciones y con sus esfuerzos personales, que es una prolongación al esfuerzo de otros que ya no están y que, por cierto, no son muchos, que “se gastaron y desgastaron” por sus convicciones y vocación de servicio.

Ejemplo de trabajo. Gracias padre Alfaro, su ejemplo y su trabajo nos anima a muchos pero, sobre todo, nos compromete a todos.

Padre Armando: usted tiene el derecho a caminar ahora despacio, como solo lo tienen quienes son acompañados por sus experiencias, por sus trabajos y proyectos llevados a cabo con esmero y con pasión, por su trayectoria. Todo ello como amigos inseparables de quienes pueden disfrutar con satisfacción la dulce expresión de la misión cumplida.

Y cuando usted se acerque a un espejo, y observe algunas arrugas y canas, no se asuste, eso lo provoca el haber usado anteojos por mucho tiempo para leer, analizar, comprender y buscar soluciones a muchos de los problemas nacionales, en los que, además de haber realizado una buena lectura, fue también protagonista en la búsqueda de sus oportunas soluciones. Pero nunca olvide, y allí precisamente rejuvenecerá su espíritu, que Dios quiso y le pidió que usted estuviese allí, y usted con creces le ha dicho por mucho tiempo: ¡Cuenta conmigo! Encomiable privilegio que no es de muchos.

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