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Costa Rica, ¿país pobre?

Tenemos recursos en abundancia para financiar grandes proyectos

Guillermo Constenla U.
Presidente Ejecutivo del INS

Este país nuestro, de veras es increíble. Tenemos el oído acostumbrado a frases como “somos una nación pobre”, “no tenemos plata”, “no hay con que financiar obras de infraestructura”. De tanto oírlo pareciera que todos nos hemos creído esa falacia. Veamos como está eso de la plata de los ticos.

Nombremos solo algunos recursos disponibles: Fondos en manos de las Operadoras de Pensiones (rápidamente crecientes), unos $1.800 millones; recursos de la CCSS, unos $1.500 millones; reservas del INS, unos $1.500 millones; fondos de los bancos estatales en dólares, unos $2.000 millones; además, diversos recursos en manos de otras instituciones del Estado que alcanzan sumas cuantiosas. Y así habría que seguir sumando. Alguien con más autoridad podría completar la lista.

¡Y resulta que somos pobres! Pareciera que de espíritu.... Les pongo un ejemplo: Una organización profesional muy seria como la Asociación de Carreteras y Caminos de Costa Rica propuso en el 2005 un cronograma de inversiones a 15 años para solventar nuestra problemática de infraestructura vial con requerimientos de $320 millones anuales en los primeros 6 años del plan. Respuesta: somos un país pobre, no tenemos plata. ¡Falso!

Uso inapropiado. La realidad es que no sabemos utilizar nuestros recursos. Por supuesto que el país tiene fondos propios para atender programas de mejora de infraestructura vial, o programas de inversión del ICE, por nombrar dos casos. Mientras tanto, La Asamblea Legislativa no contribuye a hacer realidad esos programas al no aprobar, con urgencia, la legislación necesaria sobre este tema.

La aberración es tal que nuestras instituciones públicas invierten sus recursos, entre otros, en fondos del Tesoro de EE. UU. Cierto que los bonos del Tesoro son una inversión segura, pero a veces también se invierte en aventuras financieras en el exterior, como en el caso de la firma REFCO de Estados Unidos, empresa en la que el Banco Popular, INS-Valores y otros colocaron recursos en operaciones en las que el país perdió dinero.

Suicidio colectivo. Esas inversiones en bonos del Tesoro, con recursos de instituciones del Estado costarricense, financian necesidades del Gobierno de EE. UU. , incluida la guerra de Iraq. O sea, ¡recursos públicos costarricenses financian a un país rico como Estados Unidos! ¿Qué hacer? El Poder Ejecutivo está atado de manos. Leyes y más leyes, unas cuantas absurdas, nos autolimitan y las que urgentemente necesitamos, no se aprueban. Es como una especie de suicidio colectivo.

Aquí y ahora, lo único que debe privar es el interés del país y esto deben interiorizarlo los representantes populares. La llave está en la Asamblea Legislativa, que debe producir legislación para beneficio del país.

¿Cómo? Por ejemplo, si el país necesita una autopista al Atlántico, la Asamblea Legislativa aprueba una ley en la que crea una Sociedad Anónima para la Autopista a Limón (dentro del concepto de participación pública-privada), permitiendo que en esa sociedad haya participación de ciudadanos, de empresas privadas y de instituciones del Estado, que aporten el capital necesario para desarrollar el proyecto.

Con recursos propios. Así, fácilmente el proyecto a Limón puede financiarse. Ese proyecto, que de todas formas va a ser pagado por el bolsillo del ciudadano, define una rentabilidad y así la CCSS o el INS, por ejemplo, en vez de invertir sus recursos en bonos del Tesoro de EE.UU., invierten los fondos de los ticos en Costa Rica y de esta forma reproducimos y multiplicamos nuestro patrimonio. Igualmente podemos financiar plantas eléctricas del ICE y otras necesidades. Y todo con nuestros propios recursos.

Costa Rica no es tan pobre como algunos nos han contado. Solo falta imaginación y que algunas fuerzas políticas que paralizan la Asamblea Legislativa y, consecuentemente el desarrollo de este país, pongan los pies en el suelo y dejen de actuar en función de intereses mezquinos. Se trata de no ser pobres de espíritu.

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