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Aporía múltiple del periodismo La palabra, una vez pronunciada, tiene efectos y reacciones favorables o adversosLuis Lara Filósofo Todos los escritores que colaboramos en algún periódico somos más o menos conscientes de las dificultades de este quehacer. Es género literario dificultoso, porque requiere claridad, precisión, ligereza de desarrollo del tema, buen uso del idioma, interés inmediato del posible lector, etc., en cuanto al estilo y técnica expresiva. Pero el problematismo no estriba solo en eso, sino que es aún mayor en cuanto al contenido de las opiniones emitidas. La palabra, una vez pronunciada, produce sus efectos y reacciones favorables o adversas en quien las lee. No se trata, sin embargo, de quedar bien con todo el mundo, ni siquiera con una mayoría. Cuando yo escribía mis primeras colaboraciones en laPágina Quince deLa Nación , recién fundada por ese extraordinario intelectual que fue don Guido Fernández, él me indicaba que el desarrollo del tema debe ser rápido y ágil porque el lector de periódico es casi siempre un sujeto muy ocupado, que tiene mucha prisa y avidez, deseo de informarse y enterarse de lo que se opina en general, de lo que ocurre en la circunstancia vital inmediata. Multiplicidad de aristas. “El estilo –me decía además– requiere cierto tiempo para acomodarse en la mente habitual de los lectores. Usted no debe preocuparse, pues tiene muchos y muy buenos lectores”. A pesar de esa opinión de don Guido, siempre he tenido esa preocupación por la pron- titud y ligereza en la expresión de lo que publico en el periódico. Creo que una y otra vez, o siempre, que se dirige un conjunto de opiniones a los lectores de periódico, se debe tomar en cuenta los intereses del medio de comunicación, las opiniones arraigadas en el público, la censura –que todo medio debe tener– y las consecuencias que la palabra impresa puede tener. Los temas también. Pero hay temas que no interesan, o interesa solo una vez, o interesan demasiado, y quizás es sano frenarlos u ocultarlos, para no caldear más el ambiente en asuntos ya candentes. Es mucho lo que hay que considerar a la hora de redactar un ensayo corto para un periódico. Alguien podría pensar con buena lógica – relativa, claro está – que no importa que tal o cual opinión radical, extremista, se publique si solo una vez va a aparecer y va a desaparecer de inmediato, transcurrirá al desván del olvido como ocurre con todo, o casi todo, lo que cada día aparece en los ejemplares y que será sustituido por otros artículos o acontecimientos. Ahí está precisamente el problema –casi el enigma– del periodismo. Sus apariciones fantasmagóricas no desaparecen del todo; de alguna manera y en cierto grado quedan en un orbe de reminiscencias vaporosas que influyen –para mal y para bien– en la gente. Recuerdos en el tiempo. Digo esto con rotundidad y con convicción, porque de vez en cuando aparece algún lector que recuerda algún artículo o alguna opinión míos que fueron publicados hace muchos años. Por algo los políticos son muy quisquillosos con lo que se diga un día de su gestión pública; y esta susceptibilidad llega al paroxismo en las campañas electorales. En cierta ocasión –tiempo ha– una persona intrigante, sabiendo que yo escribía en este periódico, me lanzó este dardo: “Eso no tiene ninguna importancia”. Recuerdo que, de inmediato, le contesté: Es importante para dar a conocer mi estilo en ese orden, que es muy diferente –y más difícil– que el de los tratados, ensayos científicos filosóficos o el de las novelas. Además, si careciera de importancia no se afanarían por escribir en periódicos y revistas todas las clases de intelectuales que existen. Uno de los problemas más serios del periodismo, al lado de muchos otros, es que nadie sabe cómo influye, “levanta roncha”; pero sí influye.
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