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Foto Principal: 1518077
Algunos miembros de las maras presos aseguraron que ellos no tuvieron nada que ver con los asesinatos.
AFP
Versiones encontradas sobre forma en que se dio el crimen

Gobierno guatemalteco apunta a narcotráfico en crimen de policías

Testigos aseguran que un comando encapuchado entró a la prisión
Presidente Berger reconoce que hay guerra del crimen organizado


Ciudad de Guatemala. AFP y AP. El ministro de Gobernación de Guatemala, Carlos Vielmann, reconoció ayer que el narcotráfico podría estar detrás del asesinato de cuatro policías acusados de matar a tres diputados salvadoreños y a su chofer la semana pasada.

Para Vielmann, el crimen fue planificado y hay “más que un ataque de mareros”, como inicialmente se dejó entrever. “Aquí ha corrido mucho dinero del narcotráfico”, agregó.

El Ministro aseguró que un grupo de reclusos tomó como rehenes a los encargados de llaves y el alcalde de la prisión de máxima seguridad El Boquerón, situado a unos 65 kilómetros al este de la capital guatemalteca, ingresó a las celdas donde estaban los policías y los ejecutaron.

No obstante, familiares de reclusos afirman que antes de la ejecución ingresó un vehículo con un comando especial con los rostros cubiertos, cortaron el agua potable y la energía eléctrica. Esta versión no ha sido confirmada oficialmente.

Los policías fueron asesinados la noche del domingo, cuatro días después de su detención en El Boquerón, considerada como una de las prisiones más seguras del país, que alberga a una población carcelaria procedente de las violentas pandillas juveniles.

Misterio. Por su lado, el presidente guatemalteco, Óscar Berger, aseguró que el crimen organizado es el responsable de matar a los policías para silenciarlos.

“Hay una guerra que ha ocasionado la muerte violenta de cuatro testigos importantes que podrían aportar mucho al proceso”, dijo Berger, quien aclaró que no saben en qué actividad del crimen organizado estarían involucrados los policías asesinados.

El mandatario dijo que investigarán a la guardia de presidios puesto que permitieron que los autores del asesinato de los policías pasaran ocho puertas para llegar a sus víctimas.

Para las autoridades salvadoreñas, el asesinato de los policías tuvo como objetivo impedir que continúen las investigaciones y demostró que la policía de ese país está infiltrada por el crimen organizado.

El jefe de la policía salvadoreña, Rodrigo Ávila, dijo en San Salvador que sus colegas guatemaltecos le informaron que un grupo de hombres armados que usaban uniformes de guardias penitenciarios ingresaron al penal, sometieron a los custodios y después asesinaron a los policías sicarios.

Los cuatro policías fueron muertos a balazos y cuchilladas mientras estaban en su celda el domingo. Luego del asesinato, los demás reos, casi todos miembros de la pandilla Mara Salvatrucha, se amotinaron y tomaron rehenes para impedir que entrara la policía puesto que, aseguraron, temían ser culpados del crimen.

En la celda se hallaron casquillos de balas disparadas con fusiles de asalto AK-47.

Testigos que no quisieron identificarse dijeron que los visitantes al penal fueron sacados a empujones por la guardia de presidios mientras entraban hombres armados, y una vez que salió toda la visita dominical se escucharon disparos dentro.

El exjefe de inteligencia militar, Otto Pérez Molina, quien fue comisionado de seguridad durante los primeros tres meses del actual gobierno en el 2004 y ahora es candidato presidencial, dijo que a los cuatro policías los mataron porque sabían mucho de las ilegalidades que se han cometido dentro de la policía nacional civil.

El político denunció la existencia de dos escuadrones de la muerte, uno dentro de la Policía Nacional y otro vinculado al Ministerio de Gobernación, que “actúan y operan con la complacencia de las actuales autoridades”.

Pérez sostuvo que los cuatro policías asesinados pertenecían a uno de estos grupos, que también participó en los crímenes de los diputados salvadoreños.

La abogada defensora de los acusados, Amanda Salazar, indicó que le había advertido a un juez de la investigación sobre el peligro que sus defendidos corrían.

“Me fui de la prisión convencida de que los iban a matar, pero no creía que fuera a ser tan rápido”, puntualizó.

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