 Un soldado lleva cobijas a los desplazados por la inundación
(AFP)
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TRINIDAD, Bolivia (AFP) -
El gobierno del presidente Evo Morales declaró este martes como zona de desastre a un amplio territorio del departamento amazónico del Beni, en el norte de Bolivia, azotado por inundaciones durante los últimos dos meses.
El Ejecutivo boliviano resolvió declarar los distritos inundados, específicamente en Beni, como "zona de desastre", dijo el viceministro de la Presidencia, Fabián Yasick.
La decisión -que cubre a tres de los ocho distritos afectados en ese departamento- fue tomada luego de una fuerte presión ejercida en días previos por el gobernador de Beni, Ernesto Suárez, la Cámara Agropecuaria del Oriente, de Santa Cruz y la Confederación de Empresarios de Bolivia.
Yasick justificó la demora explicando que una declaratoria de "emergencia nacional" decretada la semana pasada en ocho de los nueve departamentos bolivianos acosados por las lluvias "ya activó el tema de la cooperación internacional", principal meta de las autoridades de Beni.
Morales sobrevoló este martes los distritos afectados, entregó 40 tractores y prometió créditos a los pequeños y medianos ganaderos, lo más perjudicados por las inundaciones.
De acuerdo con la Federación de Ganaderos de Beni, al menos 22.000 cabezas de ganado han perecido bajo las aguas y por hambre. En lo inmediato, el riesgo planea sobre 600.000 terneros y medio millón de reses adultas "enfangadas y condenas a morir" de hambre, según el gobernador Suárez.
Las pérdidas sólo en Beni se estiman provisionalmente en más de 30 millones de dólares.
En esta región boliviana, enclavada en la cuenca amazónica, al menos 80.000 personas -en su mayoría campesinos pobres y aborígenes- han resultado afectadas por fortísimos aguaceros que hicieron crecer el Río Mamoré, el más caudaloso de Bolivia que surca los 213.000 km2 de extensión de Beni.
Morales comprometió fondos para construir en el plazo inmediato mil viviendas y construir una segunda zanja perimetral que proteja a Trinidad, capital de departamental, de las inundaciones.
Las aguas han aislado la capital regional Trinidad, de 90.000 habitantes, 20.000 de los cuales han sido evacuados a albergues.
En las afueras de Trinidad la situación sanitaria era ya crítica, porque los precarios sistemas de cloacas han colapsado y expulsado materia a las calles inundadas, de donde la población se abastece de agua.
Argentina ha emplazado en diversos puntos de esta ciudad amazónica plantas de potabilización del líquido.
Diarreas y fiebres han comenzado ya a diezmar la población infantil, pese a las donaciones de medicamentos, y la decisión de Morales y del gobierno de Cuba de desplazar un millar de médicos a las zonas afectadas.
Por la putrefacción de las aguas estancadas y la proliferación de mosquitos, también afloran enfermedades cutáneas.
Otro peligro se cierne desde el monte, de donde emergen víboras, caimanes y cocodrilos, constató la AFP.
Las lluvias que durante dos meses azotaron territorio boliviano han dejado un saldo de 35 muertos, 10 desaparecidos y pérdidas calculadas por fuentes gubernamentales en al menos 130 millones de dólares, además de medio millón de damnificados.
Sólo en la vecina provincia de Santa Cruz, la más rica y poblada en el oriente del país, los aguaceros -los más feroces en 25 años- han anegado más de 100.000 hectáreas del cultivos de soja, producto estrella de las exportaciones no tradicionales de Bolivia. Autoridades y empresarios de Santa Cruz estiman las pérdidas en más de 100 millones de dólares.
El fenómeno climático de El Niño, que golpea con fuertes lluvias las regiones bolivianas de Beni, Santa Cruz, Tarija, Cochabamba, Chuquisaca y Pando, contrasta con sequías y heladas en las andinas Oruro, Potosí y La Paz.
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