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EDITORIAL

El futbol y la CCSS

El futbol es el primer deporte nacional, pero no por ello debe eximirse de sus obligaciones sociales
El escamoteo con la CCSS deja indefensa a la familia del futbolista y compromete su futuro


Los equipos de futbol pagan, en razón de un contrato, salarios a sus jugadores y otros beneficios, y los jugadores reciben, además, una remuneración por el llamado derecho a la imagen. Estos contratos son generadores de derechos y de deberes no solo entre los clubes y los futbolistas, sino entre estos y el Estado.

En materia de seguridad social, estas obligaciones y derechos adquieren un relieve particular por los bienes en juego: derecho a la salud, solidaridad social, bienestar de la familia y pensión. No hay, pues, escapatoria. Se trata de un entramado en la base misma de los derechos sociales fundamentales consagrados en las leyes y en la Constitución Política. No hay razón alguna, pues, de orden legal o moral para escabullir estas obligaciones y, mucho menos, para pretender la adopción de fueros especiales en beneficio de los clubes. Tampoco vale el tiempo sin pagar, que no hace costumbre, y que, en cuanto a los deberes de los clubes y de los jugadores, ha creado un sistema de impunidad que, de una vez por todas, debe terminar. El tiempo, por el contrario, eleva sustancialmente el monto de las deudas con la CCSS.

Esto dice la ley y esto acaban de ratificar la Sala II y la Sala Constitucional. Si, en otros tiempos, la CCSS ha mirado para otra parte y ha disimulado sus obligaciones, esta conducta ha conspirado contra los clubes y no dice bien de los funcionarios que así han procedido. Mucho menos puede invocarse como justificación de incumplimiento o razón de privilegio la afición nacional por el futbol. Más bien, la extensión y arraigo de este deporte obliga, con más fuerza, a los clubes ya que la inobservancia de este tipo de obligaciones sociales, además de constituir un pésimo ejemplo, afecta a todos asegurados. De aquí el detestable sofisma esgrimido en estos días por algunos dirigentes de clubes, al expresar que, como las prestaciones de la CCSS a veces no son eficientes, lo que los obliga a buscar los servicios privados, pueden, entonces, desentenderse de uno de los principios esenciales de la CCSS: la seguridad social basada en el principio de solidaridad. “Si no hay para mí, que no haya para nadie”…

Además de perjudicar la seguridad social, la inobservancia de los clubes afecta a las familias de los jugadores, que quedan desprotegidas, y al futuro de los propios futbolistas. Los testimonios de futbolistas burlados en sus derechos por los clubes, publicados por este periódico, el miércoles anterior, son suficiente prueba para actuar ya y para que los clubes tomen conciencia del daño producido. Los propios futbolistas deben ser los primeros en el cumplimiento del juego limpio en el campo social. Por una falsa ganancia hoy, de orden personal, no deben desamparar a sus familias y comprometer su futuro. De aquí la falsedad del argumento esgrimido por un dirigente, en cuanto a “los beneficios que genera a la sociedad el futbol”. Según esta teoría, los aportes sociales de una empresa, en el marco de la responsabilidad social, la eximen del primer aporte social: el cumplimiento de las leyes y, en lo tocante a la CCSS, del valor ético y legal de la seguridad social.

Este socollón producirá beneficios ciertos a los clubes y al futbol nacional. Los obligará a innovar, a ordenarse, a revisar las contrataciones de los jugadores, a compaginar lo ideal con lo posible, a dar ejemplo de juego limpio en todos los órdenes, a la rendición de cuentas estricta y a recordar que, si el futbol es diversión, es también escuela de formación y empresa, con todos los requerimientos de rigor. Comprendemos la situación actual financiera de los clubes y la dificultad en hacerles frente a estas obligaciones. Sabemos, sin embargo, también de la capacidad y espíritu de sacrificio de muchos de ellos para encarar estos desafíos.

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