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Las siete plagas Sería hermoso que un grupo de ticos, como el que se opone al TLC, enfrentara estas plagasRodrigo Cedeño Gómez Médico No hace falta ser un erudito para darse cuenta de que Costa Rica no precisa un diagnóstico formal para conocer cuáles son los principales problemas que la están aquejando y que han hecho que el costarricense responsable, honrado, honesto, buen ciudadano, haya perdido su felicidad. Corrupción. Para nadie es un secreto que la pérdida de la moral es uno de los males que ha llegado a corroer el basamento de nuestra sociedad hasta los tuétanos, con la aciaga participación en hechos ilícitos de personas a quienes el pueblo en un momento determinado confió el destino del país. Esto ha sido motivo suficiente para que el costarricense se haya vuelto cada vez más desconfiado y carente de fe en la clase política. Delincuencia. La delincuencia común, con demostraciones de la más cruda y despiadada crueldad, se ha adueñado también del territorio nacional y ha hecho gala de una muy buena preparación desde el punto de vista maléfico, que ha contrastado con una policía totalmente desamparada, con perfil de “policía de pueblo”, sin formación, sin preparación y sin recursos. Quizás haya contribuido a esto el temor infundado a una militarización de los cuerpos policiales. Subdesarrollo económico. A los legos en la materia nos cuesta entender cómo Costa Rica, siendo un país pequeño, con una cultura de producción desde la época de la bonanza del café, con muchos recursos, con gran potencial humano y una abundancia pasmosa de escuelas, colegios y universidades se haya quedado atrás en su desarrollo económico. ¿Será que a los que tienen capacidad para contribuir en este proceso les ha interesado más la empresa privada individual que el país en su conjunto? Educación. Un país de maestros, que se adelantó al resto del mundo en el desarrollo educativo, se quedó rezagado a vista y paciencia de muchos. Lo que preocupa es que cualquier reforma orientada a corregir este proceso, y no vemos ninguna en la cercanía, vendría a producir frutos a un plazo lo suficientemente largo como para que el país no pueda permitírselo. Inmigración. No tuvimos la oportunidad de escoger el sitio en que nos ubicarían en el globo terráqueo, empero fuimos colmados de privilegios por la naturaleza. Tampoco nos imaginábamos la mala suerte que habrían de correr nuestros vecinos desde el punto de vista político y social, y esto no nos tomó preparados para asumir la carga de una fuerte inmigración de pobres y desvalidos, que no ha hecho más que acentuar nuestros problemas ya existentes. Salud. Un sistema de salud admirado por propios y extraños, que no ha podido ni siquiera ser imitado, nos llevó a ocupar un lugar de privilegio en el ámbito mundial, desde el punto de vista de indicadores sanitarios. Sin embargo, los responsables no se dieron cuenta a tiempo de que una sola institución no estaría en capacidad de hacer frente al manejo integral de la salud y también nos quedamos rezagados, viviendo de las mieles del pasado, que ya se han tornado bastante amargas. Fragilidad mental. El costarricense ha cambiado: ese con el que usted y yo convivimos porque abunda, aprende a escribir, pero solo garabatea; sabe leer, pero no entiende la escasa lectura; balbucea porque no sabe hablar, a pesar de que le encanta opinar; ha cursado todos los niveles educativos, pero no es educado ni mucho menos culto... Sería muy hermoso para nuestra patria que un grupo de costarricenses, como el que se está organizando como frente de oposición al TLC dedicara sus esfuerzos para enfrentar esas siete plagas que, junto con otras, están haciendo tambalear la paz y la estabilidad del país. Dicho grupo se opondrá al TLC, espero que con buenas razones y guardando la prudencia desde el punto de vista del respeto y la preservación de la paz nacional. Lo que dudo que logre –¡qué lástima!– es constituirse en un grupo líder para el desarrollo del país, como lo pretenden, según escuché a uno de sus líderes por la radio, como ganancia secundaria, toda vez que, lo quieran o no, forman parte de un “bando” en esta división de opiniones y actitudes que ha creado el Tratado y, por ende, difícilmente conseguirán la unidad de todos los costarricenses para luchar como un solo bloque, con miras a lograr el desarrollo verdadero que deseamos con tanta ansia.
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