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El TSE en la encrucijada Es necesario iniciar la revitalización democrática que el país requiereRoberto J. Gallardo N. Politólogo El retiro de don Óscar Fonseca de su cargo de Magistrado del Tribunal Supremo de Elecciones marca el final de un período de altibajos en el TSE. En lo positivo, el magistrado Fonseca presidió sobre un período de afianzamiento del papel del Tribunal como verdadera autoridad jurisdiccional en materia electoral. Con la complicidad de la Sala Constitucional, se introdujo una serie de importantes institutos, comom por ejemplom el recurso de amparo electoral, que contribuye a brindar a los ciudadanos un punto de apoyo para la defensa de sus derechos fundamentales en tanto integrantes de los partidos políticos. Pero el TSE también ha quedado en deuda durante la última década. Su prestigio se vio puesto en tela de juicio con una serie de escándalos noticiosos y conflictos internos que de alguna manera erosionaron su credibilidad. Adicionalmente, si bien es cierto que el Tribunal propuso desde hace varios años a la Asamblea Legislativa un importante conjunto de reformas electorales, no ha tenido ni la convicción ni la constancia necesarias para lograr su aprobación. Vocación debilitada. Lo anterior, pese a que en los últimos tiempos se ha venido presentando un fenómeno que puede ser descrito como un debilitamiento de la vocación democrática del costarricense, proceso que estas reformas podrían ayudar a revertir. Aun cuando, en última instancia, la responsabilidad por el estancamiento en el que virtualmente ha caído ese proceso de aprobación de las reformas es de la Asamblea Legislativa, la sensación que prevalece es que el TSE tampoco ha puesto demasiado ánimo en impulsarlo. Lo cierto es que los temas planteados en esas reformas son lo suficientemente importantes para que el Tribunal muestre un empeño mayor , a ver si efectivamente podemos iniciar el proceso de revitalización democrática que el país requiere. El Tribunal debe poner atención a los grandes temas, sin olvidar que usualmente el diablo se encuentra en los detalles, lo que complica aún más el panorama que tiene por delante. Así entonces, como no es ajeno –o no debería serlo– al cambio tecnológico, el TSE enfrenta nuevos desafíos en este campo, caracterizado por su renovación constante. Por ejemplo, sería interesante saber si después de décadas de apoyarse en la cédula de identidad física como mecanismo primario de identificación de las personas, el Registro Civil –dependiente del TSE– pensará incursionar o no en la emisión de certificados digitales de identidad para impulsar la inserción de los ciudada- nos en el mundo del comercio electrónico y del gobierno digital. Génesis de una relación. Tampoco sabemos si habrá o no avances en los programas de voto electrónico, que parecen haber quedado en el limbo por razones presupuestarias y de otra índole. Pero en estos programas, que para algunos podrían parecer meramente técnicos, puede estar la génesis de una nueva relación del ciudadano con los poderes públicos. Sin embargo, sería injusto alegar que no ha habido algunos avances en el campo tecnológico, lo que denota un reconocimiento de la importancia del tema para el Tribunal. Por ejemplo, actualmente es posible solicitar una certificación de nacimiento por Internet. Sin embargo, para retirarla se debe acudir hasta el TSE, hacer fila para comprar timbres y luego hacer otra fila para que se le entregue al usuario la certificación en papel. En la era del gobierno digital, bien podría pedirse el documento y pagar las especies fiscales electrónicamente; acto seguido, debería poder descargarse a la computadora del solici- tante la certificación, firmada digitalmente, y emplearla en cualesquiera trámites requeridos. El espacio que abre el retiro de un magistrado en el Tribunal Supremo de Elecciones debe aprovecharse para discutir cómo acometer los retos futuros. De cómo el TSE resuelva la encrucijada en la que se encuentra, bien puede depender el destino de nuestro sistema democrático. Ojalá que el espacio sea bien aprovechado.
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