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Francisco y Juan Manuel Dos grandes artistas forjados con tesón, ardor y sacrificioAmalia Chaverri amchave@racsa.co.cr Filóloga El 2007 es un año especial para la plástica costarricense. Se cumplen 100 años del nacimiento de Juan Manuel Sánchez, también conocido comoEl Indio , y de Francisco Amighetti, Don Paco , como lo llamábamos quienes tuvimos la dicha y el honor de conocerlo, y los que, sin conocerlo, sabían de él. Fueron dos grandes, dos inmensos artistas. Grandes e inmensos por su excelencia artística, su rigor, su dedicación y su compromiso inclaudicable con el trabajo. La grandeza de estos dos artistas se construyó con tesón y ardor –no exentos de sacrificio– durante toda su vida. Ellos marcaron una impronta, sólida y fecunda, en el mundo de las artes plásticas. Por eso es imperativo iniciar el 2007 con su recuerdo. De mucho más que de estas pocas palabras, se encargarán especialistas e instituciones culturales durante todo este año.
Modestia y humildad. Ambos se caracterizaban, entre otras, por las virtudes de la modestia y la humildad, virtudes poco comunes hoy día, pero que son propias de “los grandes”, de quienes viven con pasión, de quienes ahondan en el conocimiento de su circunstancia y de su entorno y de quienes penetran con profundidad en la condición humana, luego de haber recorrido, exhaustivamente, un largo y duro camino. Ambos ganaron el premio Magón y pertenecieron al grupo Nueva Sensibilidad; nunca buscaron los premios y les fueron otorgados. Juan Manuel, a quien a no interesó vender sus obras, dejó todo su legado artístico –251 esculturas y 4.418 dibujos– al Museo de Arte Costarricense. Este excelso legado en dibujo y escultura se caracteriza –en ambas disciplinas– por su línea nítida, exquisita, armoniosa, profunda, también llena de ternura, delicadeza y sensualidad. Así, inmortalizó nuestra animalística, nuestras tradiciones, y a su amada Berta. Sus obras calan hondo en niños, jóvenes y adultos. Por eso, más allá de su presencia en museos y exposiciones, muchos de sus dibujos ilustran páginas de la cuentística nacional y textos de literatura infantil; ejemplo por excelencia son las ilustraciones deLos cuentos de mi tía Panchita. Plástica y literatura. Don Paco, nuestro gran maestro del grabado, no dejó de lado la pintura al óleo ni el mural, el dibujo, la acuarela y la literatura. Con espíritu crítico estampó en sus obras nuestra sociedad: costumbres, tradiciones, vicios, pasiones, amores y dolores; inmortalizó también a las mujeres que amó. En él, la literatura y la plástica, o van de la mano, o hacen eco; campo de estudio este muy rico y fecundo.
En 1970, don Paco fue premio Magón por su trayectoria en las letras. Veamos algunos versos de ese sólido vínculo:Mi infancia era tener una abuela/y dibujar con lápices de color… (…) de barriletes de papel en cielos de seda….(…)....quisiera ser aquel niño/que juega con el agua de la pila del parque/soñar viendo los peces… , letras que pasan a grabados comoEl barrilete, El niño y la nube, La fuente. El poemaLas tres edades del hombre se recrea en el grabadoParque , donde impresiona el contrapunto entre las niñas jugando mecate y un primer plano con el perfil de viejos añosos y resignados. Y los versosla carrera de los ancianos/hacia la muerte/ es una carrera lenta... son el sustento de una de sus constante, la preocupación por la muerte No es gratuito que en sus últimos años realizara el trípticoViaje hacia la noche , con el tema en cuestión. Los ejemplos desbordan este espacio. Conversando con don Paco, uno se sentía oído, existente, reconocido, inclusive “importante”; cuando el importante (ahora sin comillas), lúcido, creador y sabio era él. Siempre es sano dar una mirada al pasado. Por eso es imperativo volver la miradas a ellos, al ayer, para (re)conocer parte de lo que fuimos, de lo que debemos recuperar y con lo que debiéramos reconciliarnos. En última instancia, volver a la sabiduría de quienes con cinceles, gubias, lápices, pinceles, y otras herramientas para esculpir y grabar, moldearon la piedra y la madera y trabajaron en papel, para hacer surgir el volumen, la línea y el color, y así cristalizar tanto sus inquietudes y experiencias existenciales, como un gran mural de nuestra sociedad. Ambos maestros siguen vivos, como viven quienes plasmaron con profundidad, compromiso y calidad estética, su entorno, su circunstancia y su visión del mundo.
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