 El marroquí Abelilah El Fadual El Akil
(AFP)
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MADRID (AFP) -
Cuatro marroquíes considerados colaboradores de los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid (191 muertos), negaron el miércoles cualquier vínculo con esos ataques y tres de ellos afirmaron que sus primeras declaraciones fueron bajo presión policial.
Rachif Aglif, de 28 años, considerado por la justicia española como el "lugarteniente" de Jamal Hamidan, alias "El chino", supuesto jefe operativo de los atentados islamistas contra cuatro trenes suburbanos, contra quien la fiscalía reclama 21 años de cárcel, atribuyó a las "barbaridades" que de él dijo un procesado, que era además confidente policial, el hecho de estar involucrado en los atentados.
"Por las barbaridades y burradas que ha dicho (Rafa) Zouhier de mí, es por eso que estoy aquí", se defendió Aglif, en el quinto día del macrojuicio por el 11-M, que se celebra en un pabellón especial de la Audiencia Nacional, principal instancia penal española, en el oeste de Madrid.
Zouhier fue el supuesto nexo entre Jamal Hamidán y la "denominada trama asturiana" a través de la cual los islamistas obtuvieron explosivos a cambio de drogas.
Jamal Hamidan fue uno de los siete islamistas que se inmolaron el 3 de abril de 2004 en un apartamento en Leganés, periferia sur de Madrid, cuando estaban cercados por la policía.
"Me torturaron y me trataron mal y me dijeron que buscaban a Al Qaida y no droga, y que podría salir en libertad", dijo poco después el marroquí Abdelilah El Fadual El Akil, de 36 años, que en su declaración sumarial afirmó que vendía drogas con Hamidan, pero que el miércoles dijo que vendía coches usados y ropa.
El Fadual negó haber intervenido en cualquier grado en los atentados.
"No, yo no sabía de eso", respondió el marroquí, que podría ser condenado a 12 años de cárcel por pertenencia a organización terrorista por los ataques de Madrid, que calificó de hecho "salvaje".
Según la fiscalía, El Fadual fue a la casa de Morata de Tajuña (afueras de Madrid) de Hamidan -donde se habrían fabricado las bombas- para recoger un coche que habría servido para trasladar los explosivos desde Asturias (norte).
Sus compatriotas, Saed el Harrak y Mohamed Larbi Ben Sellam, coincidieron en atribuir a las "amenazas y torturas" de la policía durante su detención -en mayo de 2004 y junio de 2005 respectivamente- al hecho de haber formulado declaraciones distintas ante el juez instructor.
"Estuve detenido cinco días en la comisaria y me dije: no quiero saber nada de nadie para poder salir (...) Tenía miedo", dijo El Harrak, en cuya ropa de trabajo la policía encontró una carta de despedida del marroquí Abdenabi Kounjaa, uno de los siete islamistas que se inmoló en Leganés.
La fiscalía reclama 12 años de cárcel para El Harrak, quien también calificó de "salvajada" y "barbaridad" los atentados del 11-M.
Serio y casi imperturbable, Mohamed Larbi Ben Sellam, considerado el "mensajero" de uno de los supuestos "cerebros" de los ataques, Rabei Ousmane Sayed Ahmed, alias "Mohamed el egipcio", negó conocer a éste último y pertenecer a organizaciones como Ansar al Islam o Salafiya Islamiya.
Los investigadores entienden que Larbi se encargaba de reclutar adeptos y de adoctrinarlos para la "yihad" y que fue a Cataluña en 2004 para preparar la huida de los responsables de los ataques.
"Yo declaré muchas cosas pero no son ciertas (...) Tenía miedo. La policía me amenazó y torturó", se defendió el procesado que podría ser condenado a 21 años de cárcel por pertenencia a organización terrorista y conspiración para asesinatos terroristas.
La semana próxima debería comparecer otros cuatro marroquíes, un argelino y un libanés considerados "colaboradores" de la célula islamista, y nueve españoles involucrados en la trama que suministró los 200 kilos de explosivos.
Las audiencias de este megaproceso se prolongarán hasta julio. La sentencia del tribunal que preside el juez Javier Gómez Bermúdez se conocerá en octubre.
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