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Sala de Redacción El guión de los acusados por el 11-M: Ocultar y negarlo todo DPA Madrid (DPA). Negarlo todo. Ese ha sido el patrón seguido hasta ahora por los principales acusados en el juicio por los atentados islamistas del 11 de marzo de 2004 en Madrid, que hoy continuó en la capital española con el interrogatorio de los primeros presuntos colaboradores de la peor matanza terrorista en la historia de Europa. El guión de todas estas declaraciones parece salido de un manual que prepara para los interrogatorios a los "muyahidines" que hayan sido capturados, una copia del cual también fue encontrado en poder de los siete terroristas del 11-M que se suicidaron en una vivienda del barrio madrileño de Leganés tres semanas después de la masacre. "Procura no contestar. Insiste en que no tienes ninguna relación con tal grupo o tal persona. Debes ponerte firme a pesar de las pruebas, denuncias de agentes o confesiones de los demás, porque tú puedes rechazarlas y dar rodeos para salir del dilema con honor (...) Que nada te lleve a la confesión, (...) la resistencia debe ser total, hay que ocultar todo", instan dichas instrucciones, según el diario "El País". Por otra parte, en una vista oral como la del 11-M los acusados, según la legislación española, no están obligados a declarar, no tienen tampoco que jurar o prometer que dirán la verdad y ni siquiera pueden ser castigados si mienten en su testimonio. El primero en proclamar su inocencia fue el egipcio Rabei Osman El Sayed, considerado el cerebro de la masacre que causó aquel jueves 11 de marzo 191 muertos y más de 1.800 heridos en cuatro trenes regionales repletos de pasajeros. Pese a que la policía italiana interceptó una conversación telefónica en la que "El Egipcio" se jactaba de haber organizado los atentados, éste aseguró ante el tribunal: "Nunca he tenido ninguna relación con los acontecimientos que ocurrieron en Madrid". El Sayed, de 35 años, incluso condenó "incondicionalmente" la matanza, como harían otros procesados después de él. Los otros dos presuntos autores intelectuales, el marroquí Youssef Belhadj, de 30 años, considerado el portavoz de la red Al Qaida en Europa, y su compatriota Hassan El Haski, de 43, uno de los presuntos líderes del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), siguieron el ejemplo de "El Egipcio". Y, como éste, además se negaron a contestar a las preguntas de la fiscal y las acusaciones particulares, limitándose a responder a las de sus abogados defensores. Después de los tres supuestos autores intelectuales, llegó el turno de los tres presuntos autores materiales procesados, es decir, aquellos que están acusados de colocar alguna de las diez bombas que explotaron en los trenes (los otros estaban entre los siete suicidas de Leganés). Se trata de Jamal Zougam, marroquí de 33 años; su compatriota Abdelmajid Bouchar, de 24; y el sirio Basel Ghalyoun, de 26 años. Según consta en el escrito de la fiscalía, los tres fueron reconocidos por testigos en alguno de los trenes. Zougam, que regentaba un locutorio del que salieron las tarjetas prepago de los teléfonos móviles utilizados para activar las bombas, fue el primero en acceder a contestar también a la fiscal Olga Sánchez y a las acusaciones particulares. Repitió una y otra vez que en el momento de los atentados se encontraba durmiendo en su casa. El principal elemento de cargo en su contra, el haber sido identificado por cuatro personas, intentó desvirtuarlo afirmando que su foto salió en todos los medios de comunicación tras la matanza y que ello pudo influir en la declaración de los testigos. Sin embargo, al contrario de lo que ocurre con los otros dos presuntos autores materiales, las huellas de Zougam no aparecieron en ninguno de los escenarios de los atentados. En sus palabras, fue involucrado como parte de una venganza de la policía, que habría intentado captarlo como informante, a lo que él se negó. Ghalyoun y Bouchar, en cambio, se enfrentan a pruebas más contundentes, ya que su perfil genético fue encontrado entre los escombros de la vivienda de los suicidas de Leganés: El ADN del primero se halló en un gorro y el del segundo en 37 huesos de aceituna y uno de dátil. Ghalyoun reconoció que conocía al tunecino Serhane Ben Abdelmajid, el presunto líder de la célula terrorista fallecido en Leganés, pero afirmó que lo vio por última vez cinco días antes de la matanza. Más contradictoria fue la declaración de Bouchar, considerado el terrorista que alertó a los suicidas de Leganés de que estaban rodeados por la policía. Apodado "El Gamo" por ser un atleta semiprofesional que logró escapar de los agentes por su gran velocidad, Bouchar admitió que huyó de España y pasó por Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Austria, Hungría y Serbia, donde finalmente fue detenido.
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