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Corrupción, grave padecimiento Dentro de los grandes retos que enfrentamos en el siglo XXI, está el lograr un país donde se respete el Estado de derecho y se reduzcan la corrupción y la impunidad. Desafortunadamente, la corrupción se considera consecuencia inevitable del ejercicio del poder. Es cierto que la ineficiencia de los servicios públicos genera corrupción, pero también lo es que el nivel de integración social y la percepción de metas por algunos sectores de la sociedad son relativamente bajos. Quienes consideramos que el fin del Estado es la búsqueda del bien común –el conjunto de condiciones concretas que se imponen a la sociedad para que el individuo logre pleno desarrollo de su personalidad– consideramos también que, junto a una jerarquía de valores en la conciencia individual, existe realmente una disposición de valores en los entes colectivos, que permite la aplicación preferente de unos sobre otros o la primacía del bien común sobre los bienes individuales. Todos pagaremos. Podemos señalar dos focos de atención, el primero sobre corrupción en la esfera del derecho privado, contagiado por el sector público y con grave incidencia en la comunidad general, como se ha reflejado en los escándalos de corrupción conocidos, que obligó al Estado a asumir obligaciones que pagaremos todos. El segundo es la falta de control oportuno, que permitió el aumento de la deuda externa mediante préstamos obtenidos en forma legal por instituciones autónomas, dinero pésimamente invertido, con procedimientos y acciones presuntamente dudosos, que produjeron la pérdida de fondos que debemos seguir pagando, sepa Dios durante cuánto tiempo. Estos hechos generan mayor déficit fiscal, limitación en las inversiones e inflación, unida a la devaluación sensible del colón. Al final, todo se traduce en condiciones de vida cada vez mas complicadas, en especial en las clases menos privilegiadas. Denuncia cívica. Por lo grave de lo que implica la corrupción, que ataca al Estado y directamente a su administración, ya que impide el funcionamiento normal y correcto de ella, es que la Administración Arias tiene una ardua tarea por delante. A todos nos toca supervisar esa tarea, pero, sobre todo, nos toca, con responsabilidad y seriedad, denunciar los hechos de corrupción que conozcamos. Finalmente, debemos tener claro, todos los que estamos dentro del esquema de la administración pública, que el concepto de la ética como estado de conciencia moral, individual y colectiva debe ser el primer valor de los funcionarios públicos, de la sociedad y del mismo Estado.
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