|
|
|||||
|
|
En Guardia Jorge Guardia Quirós Si el calentamiento global se juzgara por la evolución del tamaño de las prendas (íntimas) de vestir, desde las encubridoras bombachas del siglo XIX hasta los delatadores hilillos contemporáneos, no cabría ninguna duda: la tierra (y todo lo demás) se está calentando. Hay que ventilarla. Pero no será fácil. Asumamos que las 2500 pitonisas de la catástrofe climática llevan razón; que los ciclos sucesivos de hervores y enfriamientos en los glúteos naturales de la tierra, registrados con rigor científico en la historia, ya no se darán y que toda la causa del mal, “toditica”, yace en usar combustibles productores de gases con efecto invernadero. La respuesta fácil, cliché –diría– es actuar con celeridad para evitarlo. Pero a la humanidad le cuesta concertar cuando se tocan los bolsillos de Gobiernos, productores y consumidores. La Ronda de Doha es un ejemplo. El informe de la Comisión de la ONU para el Medio Ambiente hizo a muchos creer que la discusión del calentamiento global ya había terminado pues, al fin, se identificó al responsable: el vil capitalismo. Pero, no. El debate apenas comienza. No será fácil condenarlo sin antes reconocer que, al contaminar, puso al mundo a rodar y producir para verlo crecer y forjar el bienestar que disfruta. Si, validos de ese criterio “visionario”, hubieran prohibido explotar petróleo y obligado a transportar la producción mundial en carreta y movernos a caballo (sudorosos y apretados, como en el tope de Palmares), nos habrían matado de caquexia (suena feo, pero no es lo que piensan). Abortar el combustible fósil costará sangre, sudor y lágrimas. La inversión acumulada es inmensa. Y habrá cruentos debates. Decidir, por ej., si un país pequeño y pobre como este puede (o debe) declarar una cruzada climática sabiendo que, por su pequeñez, es incapaz de enfermar (o curar) al mundo de sus calenturas. Ya nos comprometimos en una guerra santa contra la pobreza. ¿Podremos acosar las torres petroleras, lanza en ristre, como don Quijote, mientras EE. UU., China, Brasil e India se abstienen? Sustituir el consumo mundial por derivados de caña o maíz es técnicamente posible. Pero caro. Alzaría su demanda y sus precios por encima del petróleo. Gravar las compañías petroleras para subsidiar el etanol, según el principio de que quien contamina, paga, también es posible, pero ingenuo. Los trasladarían a los consumidores y contribuyentes. Tampoco podrá ser voluntario. No conozco a un solo ecologista que haya renunciado volunta-riamente a desplazarse en automóvil. Y aunque hoy, alborotados e impacientes, pretendan enfriarle los calzones a la tierra, será un proceso largo y costoso.
|
|
|||
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |