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Impunidad en el infierno vial

No es culpa del Ministerio Público no acusar penalmente a los conductores ebrios

Alonso Salazar
asalazar@salazarabogados.net
Abogado penalista

He leído en los últimos días dos artículos de opinión (Julio Rodríguez,En vela , 2/2/07, y Juan José Sobrado, Opinión , 11/2/07) sobre un tema muy específico: la posibilidad de sancionar por medio del artículo 255 del Código Penal a los conductores ebrios.

El tema, por demás de actualidad por lo que todos sabemos, presenta una característica que no puede ni debe dejarse pasar, y cobra especial relevancia porque, insinúan estos dos respetadísimos columnistas, la solución está en la ley, pero las autoridades no la aplican y, de alguna manera, el Ministerio Público no actúa como debe.

Aquí es donde pretendo hacer justicia con el Ministerio Público, y es que realmente el artículo 255 del Código Penal es una barbaridad, es abiertamente inconstitucional, no se puede aplicar, por lo que no es culpa del Ministerio Público el no acusar penalmente a los conductores ebrios. Simplemente, ese artículo es un tipo penal de peligro de una situación culposa; de hecho, se denomina peligro de accidente culposo y supone que el actor haya puesto a otros de manera culposa en peligro de accidente, situación hipotética imposible y por tanto inaplicable.

Conducta y delito. Sin entrar en detalles muy técnicos, para sancionar a una persona por un delito de peligro, se requiere que esa persona haya querido al menos a título de dolo, la realización de la conducta que supone el peligro (dolo de la situación de peligro) y el delito culposo, por otra parte, supone que el bien jurídico protegido por la norma se vea afectado por una violación a un deber de cuidado que debe estar previsto en la ley.

De la conjunción de los dos factores anteriores, se extrae que una puesta en peligro culposa de un peligro no querido por el agente, simplemente no existe y, con razón, ha dicho el fiscal general de la República (Ciclo de Videoconferencias sobre derecho penal, Poder Judicial, Escuela Judicial, noviembre de 2005), se trata de un tipo penal sin bien jurídico, y por ello inaplicable.

Es mi deber apostillar, porque no basta con simplemente criticar, que desde mi punto de vista, la solución al problema vial, se ubica en dos aspectos medulares: a) adecuada educación y control de requisitos para la obtención de licencias y b) falta de controles adecuados en carreteras. De lo segundo se ha hablado hasta al cansancio, mas no de lo primero. En países como Alemania, la licencia no se vence nunca; lo que es lógico pues, si se aprende bien, nunca se olvida, pero para su obtención se debe llevar un verdadero curso de manejo.

Solución ejemplar. La solución alemana al problema se centra en la existencia de escuelas de manejo, responsables enseñar a conducir a quien opte por una licencia, ese curso incluye aspectos propios de la conducción vehicular, de legislación de tránsito, mecánica básica, conocimientos de las leyes de la física y desplazamientos de cuerpos a velocidad, primeros auxilios, etc. Por otra parte, las sesiones prácticas se encuentran reguladas por horas y en todo tipo de situaciones: de día, noche, bajo la lluvia, en autopista, ciudad, zonas escolares, etc.

Lo más interesante es que la existencia de la Escuela de Manejo está determinada por la calidad de sus estudiantes, por las estadísticas de accidentes y las pólizas de seguros contienen primas o premios, dependiendo de dos factores: donde se obtuvo el título de conductor y la estadística personal de manejo; así se premia a los mejores y se castiga a los peores. Si a ello se le suma una adecuada legislación que imponga multas a los infractores y la cárcel se reserve para las situaciones límite que lo ameriten, alternando con castigos que pueden ir desde la realización de trabajos comunales hasta la obligatoria observación de procedimientos de autopsia, prescrita para conductores infractores, con el fin de despertar en ellos la conciencia del peligro que crean en las carreteras; entonces, sí cambiaremos nuestro infierno vial.

De la necesidad de poner en marcha nuestros ferrocarriles y reinsertar los tranvías para sacar los autobuses de la capital con terminales modernas de transporte no hablo, ¡porque acabo de despertar del sueño que tuve líneas atrás!

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