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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com En buena hora –ayer– publicó La Nación un reportaje del periodista José Enrique Rojas sobre la crisis de la institución del matrimonio, el descenso vertiginoso de los matrimonios católicos y, en general, la desintegración familiar. Cabe agregar, como recordación, otros datos, en otros estudios, acerca de la disminución creciente de la asistencia a la misa y de otras prácticas religiosas. El problema es complejo en sus causas, efectos y contexto histórico. Sería, por ello, irresponsable caer en el vicio de la simplificación, y, peor aún, en el llamado pecado contra el intelecto, consistente, como se lo ha definido, en la negativa a reconocer el orden intrínseco de la inteligencia humana, que deriva en la confusión conceptual y moral, y que se origina también en el desconocimiento de la realidad, por ignorancia o por evasión intencional de los hechos. El reportaje citado de La Nación pone al descubierto –sea dicho con todo respeto– el error de 33 sacerdotes de la diócesis de Alajuela quienes, al enumerar los motivos de su oposición al TLC, todos irreales, culparon también a este tratado del “surgimiento” (sic) de la desintegración familiar y del alejamiento de las prácticas religiosas de la Iglesia Católica. Es decir, formularon una “argumentación” precisamente a contrapelo de la realidad social, patente y dolorosa, del país y de sus propias parroquias. Así, su posición se derrumbó, pero nos dejó una lección. ¿Por qué ocurren estas desviaciones? Por la comezón de la ideología y de las emociones, esto es, por renunciar al ejercicio capital originario de una exposición argumentada: la objetivación, seguida de la escucha atenta del otro y, como coronamiento, la argumentación. Todos hemos pecado en la vida por romper este procedimiento. En la discusión sobre el TLC este pecado contra el intelecto, de parte de sus opositores, con la manipulación descarada de los hechos históricos, ha causado una confusión conceptual, legal y moral muy peligrosa, pues no se detiene en el orden teórico, sino que, por su propia lógica, lleva a la creación de un clima apto para la violencia, cuya teorización se ha expuesto profusamente en Internet. Este clima se engendró en la reunión del teatro Melico Salazar en abril del 2005. El guion, aumentado y exacerbado, se ha venido repitiendo, paso a paso, verbal o musicalmente. Su objetivo es, al parecer, sugerir un acto de violencia para achacárselo al Gobierno. Un video musical reciente lo dice, al recordar, entre llamaradas, machetes y la efigie del Che Guevara, el asesinato de Parmenio Medina. ¡Quedamos notificados!
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