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En el umbral de una nueva época Antonio Mejía Sánchez alonsomejia4@hotmail.com Se abre, al empezar el 2007, una nueva página en la historia de nuestra Nicaragua. Página en blanco para inaugurar, trazar perspectivas y signos que definirán el futuro inmediato, el desarrollo o la parálisis, en un momento cuando más claro no me lo pudo definir una vivandera de Masaya: “O la bebemos o la derramamos”. Llegué a Managua antes de la toma de posesión del presidente Daniel Ortega, después de varios años junto a mi gente en el éxodo a Costa Rica, y percibí optimismo, euforia, esperanza en la gente que trajina sudorosa dentro del bochorno de la capital. Regresé contagiado de esa sensación, y es lo que ahora me inclina a escribir sobre mi hermosa tierra, lacustre y volcánica. Llave fundamental. Es cierto, innegable ha sido el avance hacia una cultura de tolerancia de parte de nuestros viejos políticos, así sea a regañadientes o por conveniencias, pero es esa una llave fundamental que nos abrirá las puertas a un escenario más cívico en nuestros forcejeos ciudadanos, y esa salud paulatina debe madurar en la juventud que tome direcciones en puestos públicos. Asistimos a este cambio de carril, como dice Guillermo Rotschuh Villanueva, montados todos en distintos vagones del tren. Por lo tanto, afines o no al nuevo gobierno, es nuestro deber estar prestos a echar carbón a la caldera de nuestra insípida democracia, con nuestro rudo puño de obrero o nuestra mano empresarial, con la pluma y la palabra o con el plomo y el cincel. Ruptura del círculo vicioso. Hay mucho camino que recorrer, penoso por cierto, dado que es difícil corregir viejas costumbres, el círculo vicioso que corroe nuestra actividad política, económica y social. Sombras como autoritarismo, corrupción, caudillismo, nepotismo y tantos otros malos hábitos que debemos limpiar como la lepra que carcome la frágil piel del ejercicio civil. El presidente Ortega está en el umbral de una nueva época. De él dependerá (bien lo dice Sergio Ramírez), cómo quiere ser recordado en su ya seguro puesto dentro de la historia nacional. Cinco años –reforzados de experiencia y época de paz– tendrá para dirigir los destinos de la nación. Nicaragua es uno de los países más empobrecidos de Latinoamérica. Tal vez por eso tienen tanta vigencia las palabras que escribió el poeta Manolo Cuadra en el siglo pasado: “El pueblo es un inmenso niño que necesita ternura”. Entendamos que ternura se traduce en educación, salud, trabajo y recreación. Ojalá que el desencanto no hiera las alas de tanta esperanza. Estaremos alertas los que vivimos la diáspora de los desterrados.
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