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Ojo Crítico Rodolfo Cerdas El clientelismo con los nombramientos de educadores interinos, que el ministro Leonardo Garnier está tratando de erradicar, es un mal muy viejo, fruto de que Educación, Seguridad Pública y Relaciones Exteriores han sido los últimos reductos del Estado visto como botín político. Esa conversión en botín político es una de las causas del atraso en la modernización, profesionalización y eficiencia de esos ministerios y es la razón de las poderosas intrigas políticas que surgen cada vez que se ha querido acabar con esa atrasada y nefasta práctica. Por eso sorprende la actitud de algunos líderes gremiales ante las acciones del ministro Garnier. Para comenzar, si no hubiera sido la denuncia de La Nación de esto que ya era una costumbre de los encargados, nada habría pasado y seguiríamos en manos de esos reyezuelos de la educación que, aunque sin corona, podían arbitrariamente nombrar parientes y amigos, trasladarlos y consolidarlos en sus puestos, conforme a su real gana o a la de algún diputado del Gobierno. Y todo ello, con el silencio inexplicable de las directivas gremiales, que jamás salieron a denunciarlo, combatirlo y erradicarlo. Si siquiera una parte de sus protestas contra los 200 días lectivos o el derecho de asistencia a sus congresos, se hubieran hecho para librar a los interinos de estas prácticas clientelistas, hace mucho que el mal se hubiera corregido. Pero no. Guardaron silencio y no hicieron nada significativo en contra. Y ahora, cuando el ministro Garnier se planta e impulsa una rectificación a fondo, en vez de apoyarlo, algunos de ellos arremeten ¡contra él! Raro, muy raro. En vez de sumarse a la cruzada por sanear el Ministerio, mejorar su desempeño y terminar con estas maniobras en perjuicio de sus colegas en interinato y de la calidad de la educación, politiquean del peor modo y la emprenden justo contra aquel a quien debieran apoyar. Esto da muy mala espina. ¿Cómo explicar, primero, tan prolongado silencio y pasividad ante el abuso? Y, segundo, ¿por qué a esa callada aceptación ha seguido el ataque injusto contra el Ministro, que trata de corregirlo y que nada tuvo que ver con su implantación? ¿Será que a algún líder gremial estas rectificaciones le resultan molestas y lo perjudican de alguna manera? ¿O es que, más fuerte que el interés de los educadores, de los educandos y del país, es la chata antipatía personal y la miopía gremial? Ojalá que la sensatez se imponga y se acabe con la educación como un botín del que se autobenefician politiqueros, burócratas aprovechados y malos dirigentes sindicales.
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