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/ LA NACIÓN

Oportunidad sindical

30 millones de dólares para la educación de las zonas rurales pobres

Luis Montoya Salas
Miembro del Consejo Universitario UNA

Se les presenta a los líderes sindicales la oportunidad de darle un vuelco a su deteriorada imagen pública, anclada en el inconsciente colectivo costarricense. Recientemente, la Asamblea Legislativa aprobó un crédito por $30 millones para ser invertidos en la educación de las zonas rurales más deprimidas.

Una rápida comparación ilustra la magnitud de la brecha existente entre el Valle Central y la periferia (las zonas alejadas más de 100 km de San José, estrujadas en los bordes de la geografía costarricense, costas y fronteras). Si a un escolar residente en Moravia, la buseta lo recoge en la puerta de su casa y lo lleva hasta el portón de la escuela, en Upala y Pital los niños recorren hasta 2 km a pie sobre caminos empedrados, polvorientos y encharcados.

Si en la mayoría de las escuelas del Valle Central se imparte inglés y computación, en una escuela de Colonia Puntarenas de Upala, los alumnos reciben apenas 4 horas diarias de clase sin inglés, sin educación física ni computación; y, a veces, la maestra solo llega 3 días sobre 5. Si en Moravia, los niños reciben alimentación diaria, en Upala, miran a los ojos de la maestra, intentando adivinar si ese día tendrán “comedor”...

Para los trabajos extraclase, el alumno de Moravia cuenta con varias librerías. En Upala, las escasas librerías no venden los materiales necesarios. Y, si de ferias científicas se trata, los alumnos de Upala nunca podrán participar pues carecen de bibliotecas y de Internet. Y los padres, peones de piñeras y yucales, ganan apenas 80.000 colones por mes.

Los educadores del Valle Central tienen acceso a la capacitación docente de calidad, están al día con los avances pedagógicos y tecnológicos, conocen la tramitología y dominan los tiempos que, en la burocracia, son implacables. No sucede lo mismo en Upala, con canales de comunicación tan lentos, como el traslado entre zonas aledañas.

El reto para los sindicalistas es extraordinario. De acuerdo con el “estado de la educación” presentado por Conare, en el 2004 existían en las zonas rurales (Guanacaste, Puntarenas, Limón y Alajuela) más de 2 .000 escuelas y 100 colegios. Una aritmética elemental sugiere que a cada centro educativo le corresponderían cerca de 6,5 millones de colones de los $30 millones aprobados por la Asamblea Legislativa.

Para empezar, los líderes sindicales deben informar a los directores de colegios y escuelas rurales de la existencia de tantos millones de dólares para sus centros educativos. Después, deben asesorarlos en la identificación de necesidades compatibles con los fines del préstamo y capacitarlos en la elaboración de los proyectos que apliquen para ese préstamo, incluida la tramitología de rigor. Finalmente, deberán vigilar tanto el cumplimiento del destino del crédito, como los tiempos en que los directores de los centros educativos deprimidos deben presentar los requisitos.

Todo esto es sencillo de realizar para líderes sindicales, comprometidos con sus bases, aun con una idiosincrasia rural que tiende hacia el mínimo esfuerzo, sin aspiraciones y tomada, literalmente, por el aburrimiento. El reto está lanzado en momentos de profundos cambios. A los sindicalistas les corresponde el resto ( analogonluis@yahoo.es ).

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