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En Vela Julio Rodríguez envela@nacion.com El TLC ingresó, el lunes pasado, con las pancartas sindicales y políticas en la Asamblea Legislativa, en la esfera teológica. La pancarta madre decía: “Oscar Arias>Diablo” y “Judas>traidor”. Este salto trascendental, único en la historia del comercio mundial, merece un comentario, no sin antes advertir, prosaicamente, que el uso de las palabras “diablo” y “Judas” contra sus adversarios son las favoritas de Hugo Chávez, san Nicolás de algunos compatriotas… De entrada, esta sinonimia con el diablo plantea, en el seno del ANTI-TLC, una seria división ya que la creencia en Dios supone la creencia en el diablo, y algunos enconados marxistas no creen en Dios ni en el diablo. El diablo, sea dicho, cree en la existencia de Dios. Y ¡cómo no iba a creer en Él si el diablo, Luzbel, era el ángel más bello en el cielo, pero, un día, quiso imponer “la teocracia callejera”, y, ¡cataplum!, Tatica Dios lo envió a los infiernos por envidioso, matón y resentido social. Desde ese día, el maldito pisuicas, ya no Luzbel, anda rondando por este mundo. El otro problema, con esta pancarta, es de orden semántico. Judas, prototipo del traidor, tiene dos características, según el evangelio de San Juan: la incredulidad y la murmuración. En tales condiciones, prefirió la traición al diálogo, y los chismes y mentiras, a la conversación franca y fluida. No creyó en el mensaje de Jesús, dijo NO a todo, y se encabritó por la unción del Maestro en Betania. Mientras tanto, Pedro, quien también traicionó a Jesús, se arrepintió. Ya ven, amigos, la puerta siempre está abierta. Por su parte, el Antiguo Testamento prefiere la palabra Satán a diablo. Satán, en hebreo, significa, en general, adversario, el que se opone a los demás, a la tica, el que siempre está jodiendo. En cambio, en la versión de los LXX (70) se traduce “diábolos”, en griego, por calumniador, una especie humana común y despreciable. El diablo o Satán, por cierto, incitó, el muy vivillo, al rey David a emprender un censo, algo así, en aquel tiempo, como un referendo. En el nuevo Testamento, el diablo aparece como el gran populista pues pretende regalar todos los reinos de la Tierra, y, para no cansarlos con el cuento, en el Apocalipsis el ANTI-Cristo es el instrumento del diablo. Como ven, la cosa se ha puesto fututa, pues nada le gusta más al diablo que la mentira y la confusión de conceptos y de palabras. Los pitufos, los diablillos, los demonios, los malos espíritus y los Judas andan sueltos. El TLC, mero tratado comercial, se ha convertido, al parecer, en un acto de posesión diabólica. Proclama: Costa Rica necesita un gran exorcismo contra la mentira y la violencia.
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