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Foto Principal: 175099
/LA NACIÓN
Buenos Días

Ojo con la provocación


Mauricio Martínez S.
mmartinez@nacion.com


Don Francisco Antonio Pacheco se equivocó de pe a pa al pedirle a la Fuerza Pública, el lunes pasado, que sosegara a unos cabezas calientes que habían colocado unos rótulos ofensivos contra varios diputados y don Óscar Arias.

Lejos de poner orden y rescatar al vilipendiado primer poder de la República, la decisión fue totalmente inoportuna y falta del más elemental sentido común y de la prudencia.

La irrupción policial cayó como anillo al dedo en las oscuras manos de algunos sindicalistas y los militantes de aquellos partidos que adversan el TLC.

Ese grupito, que en el fondo no tiene el asidero democrático que sí ostentan los legisladores, anda como loco en busca de validez interna y de proyección internacional.

No los habían terminado de sacar de las barras del público cuando ya se escuchaban las denuncias en contra de la represión policial, el militarismo y el atropello a la libertad de expresión. “Víctimas” y “pobrecitos”, gozosamente se fundieron en un abrazo.

Esta gente disfruta provocando a quienes los adversan. Por eso no es de extrañar que algunas de las pancartas –al mejor estilo panfletario venezolano o cubano– hayan tenido la intención ulterior de causar el desmadre que finalmente se vivió en el Congreso el lunes.

Si los mensajes eran insultantes o no, eso se lo dejo a la conciencia de cada quien.

El contenido de los famosos rótulos no me sorprende. Peores cosas les han dicho a los legisladores y a los mandatarios a través de la historia patria.

En el caso particular, la acción policial gestionada por don Francisco Antonio fue el motivo de oro que andaban buscando muchos de los que llegaron y seguirán llegando a las barras del público del Congreso.

Quedamos notificados para futuras manifestaciones. No es de extrañar que se estén gestando otro tipo de provocaciones con la idea de lograr consecuencias (¿triunfos?) más violentas.

Tampoco se trata de que el Gobierno, la Policía y la gente racional y respetuosa de este país nos crucemos de brazos ante la violación de derechos universales como la salud, la educación o la libertad de tránsito.

Los diputados tampoco tienen que replegarse o sentirse acosados cuando tengan que tomar sus decisiones sobre el TLC. Al fin y al cabo, nos guste o no, ellos fueron investidos por el voto popular para legislar.

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