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Salvadoreño dice que huyó por temor a su pandilla Negó intentar la formación de grupo de delincuencia organizada aquíAutoridades de El Salvador lo requieren por homicidio y asociación ilícita Otto Vargas M. ovargas@nacion.com El pandillero Luis Mario Torres Castro aseguró que su fuga de El Salvador obedeció al temor de una venganza por parte de la mara Salvatrucha –a la que pertenecía– y no por tener deudas pendientes con la justicia de ese país. “A las maras se puede ingresar, nunca salir. Ellos no amenazan... matan. Si me quedaba, sería pandillero el resto de mi vida... o un finado”, expresó ayer. Desde el 22 de agosto del 2005 el el juez salvadoreño Mario Ramírez ordenó el arresto de Torres –de 21 años y conocido como Pimar– por homicidio calificado. El expediente de la Policía Internacional dice: “Torres, junto a otras 34 personas más, se dedica de lleno a asociarse y planificar procedimientos y tácticas comunes del crimen organizado como robos, secuestros y homicidios”. Aunque admite haber formado parte de la mara Salvatrucha (M-13), el extranjero rechazó ser uno de sus líderes. Vida en riesgo. “Nunca fui pandillero a tiempo completo. Trabajaba en una zapatería –en Santa Leonor, departamento de Santa Ana– y de ahí me iba a la escuela nocturna. “Entré a la pandilla en el 2002. Nunca participé en homicidios o cosas así”, relató durante una entrevista concedida en el Centro para el Aseguramiento de Extranjeros, en Hatillo, San José. A Costa Rica ingresó el 30 de octubre del 2004. Aquí vive con su madre, su esposa y cuatro hijos (el mayor tiene cuatro años y el menor siete meses). Tras su figura menuda –de 1,60 metros– es difícil advertir a un pandillero de esa peligrosa mara. Su expediente dice que es un hombre armado, peligroso y violento. Las autoridades lo capturaron en un lavacar del barrio Don Bosco, en San José. Pandilla. Torres asegura que nunca pretendió crear aquí una mara, como dijeron las autoridades. “¿Cómo iba a pensar en eso si más bien lo que buscaba era cómo salirme? Allá (en El Salvador) me metí en una iglesia. “Dios me tocó el corazón. Dejé de reunirme con ellos (con los pandilleros) y les pedí que no me buscaran más. La gente comenzó a advertirme que andaban detrás mío. Yo no era dueño de decidir que ya no pertenecería a ellos”.
Pimar reconoce que en al menos tres ocasiones la Policía salvadoreña lo detuvo como sospechoso del delito de asociaciones ilícitas (reunirse para delinquir); pero nunca por homicidio. La solicitud internacional de aprehensión sostiene que Torres y otros 12 mareros asesinaron a dos personas de apellido Granados y Argueta en la comunidad salvadoreña de Altos del Palmar. “Me sorprende que me involucren en algo así. ¿De dónde van a sacar testigos. No tengo miedo porque soy inocente. Sé que a muchos pandilleros los mataron. Estoy tranquilo”, concluyó. Torres aceptó su extradición a El Salvador donde, dijo, espera limpiar su nombre.
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