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El ejemplo alemán Beneficios de una integración que trasciende lo comercial y lo económicoJuan Carlos Araya Castillo Administrador de empresas El territorio alemán es relativamente pequeño, aunque sus 357.000 kilómetros cuadrados lo hacen unas siete veces más grande que Costa Rica. La población es más de 20 veces la costarricense y el producto interno bruto por habitante es seis veces el nuestro. Viéndolo de otro modo, el territorio alemán es la sexta parte del de México y su población es el 70 por ciento de la mexicana. Sin embargo, la producción anual de Alemania es de dos veces y medio la de México. No está de más recordar que Alemania es la tercera economía más grande del mundo, después de las de EE. UU. y Japón. Sin embargo, la gestión productiva alemana es relativamente joven porque ha sido destruida, casi totalmente, en dos ocasiones: con el Tratado de Versalles y con la Segunda Guerra Mundial. Prevalencia de la calidad. Hablamos de un país básicamente exportador e industrial, en el que la alta calidad de sus productos, desde relojes cucú hasta autos, es su principal carta de presentación en los mercados globales. Ahora bien, entre los grandes recordatorios para el mundo de los enormes errores cometidos por los alemanes en la historia reciente –porque no todo podía ser bueno– se cuentan el Museo Judío de Berlín y el Campo de Concentración de Sachsenhausen, en las afueras de esa ciudad. Son crudas muestras de las atrocidades cometidas por el gobierno de Hitler contra diversas minorías no afines a su raza (la persecución no fue solo contra los judíos), como parte de su macabro proyecto denominado “Solución final”. Por su parte, el Museo conmemorativo de la caída del Muro de Berlín da al visitante una clara reiteración de que el ser humano nació para ser libre. El gobernar con mano de hierro, con intolerancia e imposición ideológica, son conceptos equivocados que los habitantes de la otrora República Democrática Alemana pagaron muy caro a lo largo de las cuatro décadas de existencia de este antiguo territorio comunista. Aprender de los errores. Los alemanes han aprendido de sus errores del pasado; más aún, los han capitalizado a su favor. El nuevo concepto de unión europea, en parte formulado por ellos, aunque requiere urgentemente nuevos estatutos constitutivos, abarca ahora los cuatro costados de una Europa cada vez más grande. Dos nuevos miembros festejaron su incorporación al euro hace poco: Bulgaria y Rumania. Con la creación de la Eurozona, que hoy alcanza 495 millones de habitantes, Alemania fue uno de los países de la nueva unión que sacrificaron beneficios económicos de corto plazo, a sabiendas de que llegarían a multiplicarse en un futuro cercano, bajo un nuevo concepto de integración que trasciende en mucho lo comercial y lo económico. Costa Rica y el TLC. Para el caso de Costa Rica, este ejemplo de visión a largo plazo que nos da Alemania se debe asumir con absoluta seriedad. No nos toca cuestionarnos la conveniencia de aceptar o no el TLC porque esta decisión de asociarnos comercialmente a la mayor economía del mundo la tomaron sabiamente nuestros abuelos tiempo atrás. Indistintamente de que el convenio no sea perfecto, porque solo Dios lo es, debemos tener claro que lo que nos corresponde es tan solo formalizar la relación. Sin embargo, también es tiempo de aprovechar alianzas similares con otros enormes mercados que se están creando en el mundo, como la Eurozona y Asia, a los que estamos siendo invitados a participar. Nos llegó la hora de hacer las cosas bien. Igual que hizo Alemania en su momento, debemos aprender de los errores del pasado.
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