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Enfoque Jorge Vargas Cullell jovargas@nacion.com Vistos desde América del Sur, Costa Rica no existe; México se encuentra allá, al fondo, junto al lejano Imperio del Mal, y Brasil, con su temible cancillería deItamaratí , es el Gran Hermano. Si, enfocando, se ve a Costa Rica desde otro pequeño país –digamos Uruguay–, uno cae en cuenta que la geopolítica es cosa seria. Octavio Paz dijo una vez: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Por esa cercanía, México perdió la mitad de su territorio, pero aún hoy sigue siendo un grande. Quizá haya otra condición tan mala como la mexicana: ser, como Uruguay o Paraguay, un pequeño país apretujado entre dos pesos pesados (Argentina y Brasil), algo tan temible como los abrazos políticos de aquel psiquiatra que (se rumorea) ejerció de presidente de Costa Rica. Costa Rica tiene al menos pequeños países como vecinos; posee cierto espacio para respirar antes de vérselas con los grandotes. En el cuento de los siete enanos sin Blanca Nieves que es Centroamérica, nuestro país es el enano más aventajado. Si tenemos un pleito fronterizo ridículo como el del San Juan, es con Nicaragua; si Panamá no deja pasar la leche, nuestros ministros se desgañitan con sus contrapartes canaleras. En cambio, en Suramérica, los juegos son apuestas mayores: las tensiones brasileño-argentinas atenazan el Mercosur; la petrodiplomacia venezolana altera la balanza regional de poder, y los chilenos escapan acercándose a China. En esta región, si un grande y un chamaquito tienen problemas, salado el chiquitillo. Argentina y Uruguay tienen un pleito por las papeleras sobre el río Uruguay. Lo normal es que se vaya a una corte internacional para dirimirlo, como en efecto se hizo. Otra cosa es que el gobierno del país grande tolere que algunos ciudadanos corten las vías de acceso al país pequeño, por las que hoy nada entra ni sale: sanciones económicas informales; entretanto, Brasil ve para otro lado. Como ciudadano de otro pequeño país, tomo nota sobre la hermandad latinoamericana. En este extraño baile entra Estados Unidos, propone un TLC al gobierno izquierdista del Uruguay, y este gobierno no cierra la puerta. Geopolíticamente, el tratado le da una baza para negociar con sus hermanos grandes: “Sigan tratándome así y llamo aKing Kong ”. Claro es que no hay pelo sin sangre: los EE. UU. quieren quebrar al Mercosur para doblarle la mano al Brasil. Sorprendente dilema para Uruguay: abrazo latinoamericano oKing Kong . Los países pequeños siempre navegamos las aguas borrascosas de los más fuertes, que nos quieren en su saco particular. Nuestra supervivencia reside en el realismo. Con los fuertes la cosa es: viendo el payaso, soltando la risa.
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