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Vacunas y discriminación Crece la desprotección; el esquema oficial de vacunas resulta ya obsoletoPediatras, Hospital Nacionalde Niños Rolando Ulloa Gutiérrez Rodolfo Hernández G. Una de las herramientas de salud pública más eficaces para prevenir enfermedades, brotes, muertes, secuelas y discapacidades son las vacunas a niños, adolescentes y adultos. El éxito ha sido mayor cuando la vacunación se ha aplicado masivamente. El beneficio se conoce en medicina como el efecto “rebaño inmunológico”, de particular importancia para vacunas que previenen infecciones transmitidas por vía respiratoria, como varicela, tos ferina, meningitis bacteriana, etc. Así, al vacunar a un niño, protegemos indirectamente a muchos otros. En nuestro esquema oficial de inmunizaciones pediátricas no se ha introducido ninguna vacuna desde hace 9 años –la última, la vacuna contraHaemophilus influenzae tipo b –. El esquema está obsoleto y desactualizado, ya que hoy carece de 8 vacunas disponibles, seguras, con amplio respaldo científico: varicela, neumocococo, tos ferina para el adolescente, rotavirus, hepatitis A, menin- gococo, virus del papiloma humano e influenza. Sufrimos a diario las consecuencias de esas enfermedades y, si no se toman medidas inmediatas, la lista podría aumentar. Mientras en otros países, mediante estudios clínicos de investigación, avanzan a pasos gigantescos buscando nuevas vacunas para otras enfermedades, nuestra población infantil continúa sin estas nuevas formas de protección. Miopía de unos pocos. Además, debemos vencer la desinformación y actitudes retardadoras y obstaculizadoras de unos pocos, quienes carecen de visión de futuro. Muchos de los que obstaculizan la introducción de nuevas vacunas no han visto siquiera enfermar o morir a un niño de una enfermedad prevenible con vacuna, olvidando lo que era sufrir de niño un dolor de oído por neumococo o enfermar por varicela. No han tenido, probablemente, la tragedia de un hijo, nieto o familiar que muere por meningitis, varicela o tos ferina. Nosotros no lo imaginamos, nos toca vivirlo. Es importante señalar que, en 1998, Costa Rica fue el tercer país de Latinoamérica en introducir con éxito a toda su población infantil la vacuna contra elH. influenzae tipo b , el agente causal más común de meningitis bacteriana, entonces. Desde ese momento lo esS. pneumoniae (neumococo), la bacteria más común e importante en pediatría y contra la que precisamente nuestros niños no están protegidos de rutina y debemos informarlo a la población y al lector. El éxito alcanzado por Costa Rica en el pasado se ve hoy amenazado si no dotamos pronto a la población con vacunas “actualizadas”. Para citar la realidad costarricense, lamentablemente la tasa de mortalidad por neumococo invasor es una de las más altas (14%) a diferencia de otros países (2 a 5%). Sin duda, en el mundo, la vacuna conjugada heptavalente antineumocóccica brinda beneficios. No solo previene un tipo de infección, sino que potencializa sus beneficios al disminuir las infecciones producidas por el neumococo en otras áreas del cuerpo. Sus múltiples y contundentes beneficios se han publicado desde años atrás. Lo que deberíamos definir es cuándo y cómo introducir esta y otras vacunas al país, y no divagar si se debe o no darla a los niños. Con esta vacuna, prevendríamos en niños y niñas muchas infecciones de oído, sinusitis, celulitis orbitarias, meningitis, septicemias, neumonías simples y complicadas, entre otras infecciones. Esto traería mayor bienestar a la familia y mejor calidad de vida. Ventajas desaprovechadas. A diferencia de otros países de Latinoamérica y el mundo, Costa Rica tiene la ventaja de conocer y tener publicado el impacto del neumococo en nuestros menores, en enfermedades como infección aguda del oído y también en cuadros graves como meningitis, septicemia, pulmonía, empiema pleural; igual ocurre para hospitalizaciones, complicaciones y muerte por varicela. Esta información es de gran beneficio para agilizar la introducción de nuevas vacunas, pero la seguimos desaprovechando y los niños siguen sufriendo y pagando las consecuencias. Hoy, el país sufre de nuevo una epidemia de tos ferina, de las más serias en las últimas décadas. Ya ha cobrado la vida de varios bebés y sigue enfermando a infantes, adolescentes y adultos, y lo hará en los siguientes años. La nueva vacuna para adolescentes, fuente primaria actual de transmisión, junto con el adulto, al infante, tampoco la tenemos disponible y esto la población debe saberlo. Más serio aún, contra el cáncer de cuello uterino, que cobra la vida de muchas mujeres en el país, existe la vacuna contra el virus del papiloma humano, por lo que hoy podríamos prevenir vacunando a las niñas. Como médicos y pediatras, apoyamos las iniciativas de la doctora María Luisa Ávila, ministra de Salud, su equipo técnico y de este Gobierno en pro de actualizar el obsoleto esquema de inmunizaciones. Como país, tuvimos la fortuna de ser líderes que tomaron la sabia decisión de no gastar dinero en armas e invertir los recursos en educación y salud. Fortalezcamos esa línea de inversión en salud con vacunas, que son armas contra las infecciones. Ojalá la historia recuerde a Costa Rica como el primer país en Latinoamérica en lograr justicia y equidad entre los niños y niñas que reciben esquemas de inmunización pública y privada, no como el que discriminó injustamente entre niños ricos y pobres, y como el último del continente en actualizar su esquema de vacunas. Esta es otra forma más de agresión infantil. “Los niños no hablan ni se defienden…”, somos los adultos los responsables y obligados a hablar, defender y dar la cara por ellos.
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