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El peor panorama


Carlos Alvarado Quesada
carlosalvaradoquesada@gmail.com
Periodista y politólogo

En una gira por Europa que terminó el 13 de enero en París, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, fue claro y contundente en expresar a los países de la OTAN el deseo de estrechar los vínculos de su nación en cuanto a la cooperación militar.

Shinzo se aparta así de la que fue la política japonesa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. En este sentido, el líder nipón estaría enviando un proyecto al Congreso para revisar el artículo 9 de la Constitución japonesa, que estipula precisamente la renuncia del pueblo japonés a la guerra para resolver disputas internacionales.

La tensión con Corea del Norte por el tema nuclear, entre otros, así como la cuestión china, hacen ciertamente comprensible el movimiento de Japón, que se acerca a sus aliados de Occidente para la defensa de lo que el Primer Ministro denominó “valores comunes”.

Maniobras y misiles. Por otra parte, después de que las tropas de Estados Unidos arrestaron a 6 iraníes en la ciudad de Erbil, acusados de ayudar a los insurgentes iraquíes, el 12 de enero, el portavoz de George Bush, Tony Show, desmintió los rumores que corrían entre la prensa en Washington en referencia a posibles preparativos de guerra en curso, en relación con las acciones de Irán, país que, pese a numerosas protestas internacio- nales, prosigue con su programa nuclear, y su Presidente aprovecha precisamente cualquier oportunidad pública para vaticinar la destrucción de Israel. El 22 de enero, el Gobierno de Teherán ordenó el inicio de maniobras militares, incluyendo el uso de misiles de corto alcance.

Por su parte, el 11 de enero, China habría realizado pruebas de un misil con capacidad de destruir satélites, lo que puso de nuevo en el panorama de la estrategia el concepto de la década de 1980 deStar Wars.

Ejemplos sintéticos de un mundo que vive un episodio tirante en su historia. Costa Rica, si bien es una nación pequeña, tiene un poderío y una responsabilidad moral de abogar por la paz y la desmilitarización en el mundo entero.

En el ámbito interno, el Tratado de Libre Comercio aumenta la temperatura del país –pacíficamente–, pero no está de más pensar en el escenario global y sus consecuencias para nuestra nación.

Prevención, no alarmismo. Si bien pensar hipotéticamente tiene el riesgo de aportar reflexiones con tintes de ciencia ficción o adivinación, lo experimen- tado por los gobiernos de Gonzáles Flores, Calderón Guardia y Carazo Odio en relación con la Primera Guerra Mundial, la Segunda Mundial y la crisis internacional, respectivamente, nos invita a mantenernos atentos.

Por conflictos éticos, religiosos, ideológicos o de recursos, es poco probable que Costa Rica sea víctima directa de un enfrentamiento bélico a gran escala, pero si sería una víctima colateral.

Ante el peor escenario, deberíamos ser capaces de vislumbrar cómo sostendríamos al país en áreas como alimentación para la población, energía para mantener los servicios básicos y la industria en actividad, el suministro de agua potable, las reservas monetarias y los substitutos para los hidrocarburos, solo por mencionar algunos.

Las confrontaciones a gran escala, las que amenazan el futuro de la humanidad, deben evitarse con el diálogo y por medios pacíficos, y Costa Rica tiene que ser una de las principales voces que abogan por la paz. Dichosamente, sea en el peor escenario o en el deseado de paz, si logramos mayor autonomía en los temas antes mencionados (alimentos, agua, energía, etc.) podremos seguramente decir que en verdad estaremos mejor.

¿Hemos hecho el inventario de estos rubros? ¿Hemos hecho el diagnóstico para saber si estamos preparados y cuán autónomos somos? Hay indicios en el ambiente que hacen injustificable la falta de previsión.

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