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EDITORIAL

Amenaza real y devastadora

Los efectos de la gripe aviaria, de trasmitirse entre humanos, obligan a una acción inmediata
Es urgente desarrollar una campaña nacional intensa sobre las normas básicas de higiene


El reportaje de ‘La Nación’, de ayer, de la periodista Ángela Ávalos, sobre la amenaza del virus H5N1, causa de la gripe aviaria, si llegara a transmitirse entre seres humanos, no es propia de un capítulo de ciencia ficción. De acuerdo con los especialistas y los antecedentes históricos, no sería obra de la imaginación, en la sociedad actual del espectáculo, sino un acontecimiento real, cercano y devastador, si se dan ciertas condiciones, como la variable de la capacidad de infección y el nivel de preparación o previsión de cada país.

Si llegase a desatarse una pandemia de gripe, más de 600.000 habitantes serían víctimas de la enfermedad en la primera ola, en Costa Rica, en cuyo caso podrían morir, en las primeras ocho semanas, entre 1.000 y 5.000 personas. Y si el virus fuese realmente agresivo, como en 1918, cuando por la llamada gripe española perecieron 40 millones de personas, morirían en nuestro país 3,6 millones de habitantes, esto es, casi la totalidad de la población actual. En esta eventualidad trágica, el 65% de los afectados estaría entre los 19 y los 64 años. El 32% restante superaría los 65 años. De acuerdo con estudios de especialistas, cada 40 ó 50 años se desencadena una pandemia de influenza o gripe, con efectos incalculables para la población mundial.

De lo dicho surge una pregunta básica: ¿qué está haciendo nuestro país frente a esta amenaza? Sin duda, las autoridades de Salud y los expertos en la materia han tomado en serio este desafío. Con todo, falta mucho por hacer todavía, como ocurre en la mayor parte de los países. Este es, además, uno de los problemas más inquietantes frente a esta enfermedad: la inermidad, esto es, la endeblez, en el orden técnico y científico, es decir, la inseguridad y la imprevisibilidad de los países, aun de los más poderosos. Esta es una guerra avisada, en la que se ignoran el día y el lugar, y no se cuenta con el arsenal adecuado para hacerle frente al adversario. Hay que esperar, más bien, el anuncio de las primeras víctimas –la transmisión entre humanos– para investigar y construir las armas apropiadas.

En Estados Unidos, tal como se informó en el citado reportaje, esta es una cuestión prioritaria en la agenda gubernamental. Con esta mentalidad hemos de proceder en nuestro país. El coordinador de la comisión institucional ad hoc, Daniel Salas Peraza, enunció ya una serie de medidas, pero, a la vez, con franqueza declaró cuál es el rezago de nuestro país. Por varios años, expresó, se han propuesto algunos planes, mas no es sino hasta ahora cuando se empiezan a poner por obra. Se necesitan 12 sitios de centinela o de monitoreo, pero solo se cuenta con cuatro. Las fronteras, puertos y aeropuertos se encuentran desprotegidos. No se han girado $145.000 para reforzar el Centro Nacional de Influenza. Es decir, no estamos enfrentando aún al enemigo a tono con su potencial mortífero.

En estas circunstancias, surgen dos peligros. El primero es mental, acorde con nuestra cultura: nada pasará. Aún más, la amenaza es de tal magnitud que la mayor parte de la gente no logra racionalizar sus efectos ni su eventualidad. En segundo lugar, las únicas medidas que se tienen a mano parecen tan prosaicas y tan baratas que muchos posiblemente las desdeñen. Nos referimos a las medidas de higiene y de contención como lavarse las manos, con agua y jabón, antes y después del uso del servicio sanitario, antes de comer o de preparar los alimentos, y después de llegar del trabajo, así como adoptar las normas de urbanidad esenciales al estornudar para evitar la diseminación del virus.

Se requiere en este punto una campaña radical del Estado y de la sociedad, a sabiendas de la incultura reinante en este campo, como lo ha demostrado, en varias regiones, el combate del dengue. La responsabilidad nacional debe, por otra parte, compaginarse con la coordinación y la solidaridad internacionales, que todavía no han desplegado toda su capacidad.

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