|
|
|||||
|
|
Volver Uno se va maldiciendo, asqueado, y regresa añorando lo que ya no existeCatalina Murillo catalinamurillo@hotmail.com Cree uno que vuelve; pero cuando uno se ha ido diez años de su país es imposible encontrar lo que se dejó. Así que no todo es volver. Ironías del “exilio voluntario”; uno se va maldiciendo, asqueado, y regresa una década después añorando lo que ya no existe. “Exilio voluntario”, expresión paradójica que intenta resumir el siguiente trabalenguas: la situación anímica del que se va no se sabe si porque quiere irse o porque algo dentro de sí le impide quedarse, aunque quisiera. “Este país ha cambiado”, le dicen todos al “retornado”, y no como una buena noticia. ¿Para qué se lo dicen? Hay algo de advertencia: esto está peor que cuando usted se fue, ahora ¿a qué viene? Ahora no se queje. O quéjese con todos nosotros. “Este país ha cambiado” es una frase llena de misterio, de amenaza y de seducción: “Que sepás que ya no soy el mismo que cuando me dejaste”…, frase que suele salir de una boca todavía enamorada. Y hablando de amor, aquel gracioso psicoanalista francés decía: “El amor es alguien que da algo que no tiene a alguien que no lo está pidiendo”. Lo mismo digo del exilio voluntario: uno se va a dar algo que no tiene a un país que no lo está pidiendo. Y te lleva diez años entender el chiste. Ahora ríase. Dos pasaportes, ¿dos amores? Me dijeron allá que estaba hecha una verdadera española, renegando de España todo el tiempo, ansiando huir de ella hacia un lugar imaginado más benigno. Es que el amor es complejo y… en fin, ya quedó definido unas líneas más arriba; ahora imagínense dos amores. Los mismos enredos, por partida doble. Lo cierto es que la mayoría de los exiliados voluntarios no se sienten en casa en ningún lado; lo suyo en realidad es un síndrome, la compulsión de fugarse hacia delante o hacia atrás (también se puede huirin situ , aunque hace falta ser un maestro para lograrlo), pero siempre fugarse. Uno termina por reconocerlo, que está enfermo de exilio. No me quedo en Costa Rica porque me guste –sigo profesando los mismos rencores, los mismos ascos, los mismos hartazgos–, sino porque perdí la ilusa emoción de hace diez años, cuando pensaba que la vida estaba en otra parte. Me quedo porque ya no me creo los horizontes de la fuga. Atrapado en el tiempo. No me los creo yo, ¡ni se los cree nadie! Es cierto que este país ha cambiado, que va entrando en la modernidad: ya nadie es tan provinciano como para soñar con largarse despechado a tierras lejanas. He aquí otra ironía para el que se fue: él sí que se quedó atrapado en el tiempo, sí que sigue siendo el mismo, al menos en cuanto vuelve a poner pie en el patio de su infancia; y, de repente, bajo el limonero, el pobre hasta envidia “los goces de Europa”, como insinúa la canción, pero ahora él sabe que tampoco están en Europa los dichosos goces. Y encima lo chotean los compatriotas: su suspiro está ya pasado de moda. Burlarse del país, o quejarse sin más, resulta una majadería sin sentido. Este país ha cambiado, sí; han cambiado sus defectos y han cambiado sus virtudes porque, como dicen, uno tiene los defectos correspondientes a sus virtudes. Quizás lo que el “retornado voluntario” constata es que, si no se aferra a un pasado bucólico y folclorista, puede ver a su país con ojos puros. Un nada pequeño privilegio: los ojos puros. Tal vez hasta descubra que es por amor que ha regresado.
|
|
|||
|
© 2007. GRUPO NACIÓN GN, S. A. Derechos Reservados. Cualquier modalidad de utilización de los contenidos de nacion.com como reproducción, difusión, enlaces informáticos en Internet, total o parcialmente, solo podrá hacerse con la autorización previa y por escrito del GRUPO NACIÓN GN, S. A.
Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com Apartado postal: 10138-1000 San José, Costa Rica. Central telefónica: (506) 247-4747. Servicio al cliente: (506) 247-4343 Suscripciones: suscripciones@nacion.com Fax: (506) 247-5022. CONTÁCTENOS |