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Daño colateral Algo insignificante en la colectividad es doloroso para el individuoRamiro Rodríguez Vargas Docente de matemáticas Reconoce don Álvaro Artavia, director de pruebas nacionales, el error cometido en el dibujo de una gráfica del último examen de bachillerato. No podía ser de otra forma porque sería imperdonable que esa trivialidad no se comprendiera, aunque se ubique como un caso aislado y por ello se le reste importancia. Lo que pasa es que una trivialidad da al traste con la posibilidad de graduarse de un estudiante y eso, de acuerdo con el trasfondo de la respuesta, solamente se ubica como un daño colateral, insignificante dentro de la colectividad, pero doloroso en el ámbito personal de quien resulta perjudicado. Lujo impensable. Reconozco, eso sí, la razón de don Álvaro: el alumno que roza tangencialmente los límites de la nota de aprobación, generalmente no hizo un buen examen y posiblemente tampoco un buen “quinto año o secundaria”; sin embargo, no se debe desdeñar lo particular cuando está de por medio un error, por muy trivial que parezca. Sinceramente, me parece que la gente a cargo de estas pruebas no se puede dar el lujo de creer que, porque algo parece, todos están en la obligación de entender lo que debería ser. Doy dos ejemplos de las maravillas que se han hecho en pruebas de bachillerato: a) Hace algunos años, en una prueba nacional, se incluyó una pregunta en la que se solicitaba el número de lados de un polígono regular, cuyo ángulo interno mide 56°; otra trivialidad que se pasó por alto. b) En una prueba de aplazados de bachillerato, hace cuatro años, los profesores tenían que calificar el examen en el mismo lugar donde se realizaba, y en el formulario de respuestas venían anuladas siete preguntas; es decir, se daban por buenas. La duda es: si tenían errores, ¿por qué no se corrigieron? Y, si no tenían errores, ¿por qué se anulaban? Con ejemplos como esos hay mucho margen para la sospecha. Lo que se dice. En Matemáticas no es lo que uno quiere decir, es lo que dice. Los profesores no deben creer que el estudiante va a entender lo que está pensando, ellos van a entender lo que están diciendo. Así, en la elaboración de un ítem, es posible que algunos entiendan lo que se quiso decir, pero no faltarán los que entiendan lo que en realidad se dijo. Decía el célebre profesor universitario Numa Sánchez: si Juan le habla mal a Pedro y Pedro le entiende, es que Pedro no sabe hablar. Esto rige también para el que habla bien y no le entienden. Un detalle más: deberían mejorar la elaboración de los ítems de las pruebas nacionales, porque hay una gran cantidad de docentes enseñando a los estudiantes “trucos” para resolver ejercicios con calculadora, aunque no sepan lo que están haciendo. Eso no se puede eliminar del todo, pero se puede minimizar; lo que no sé es si hay interés en hacerlo.
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