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Contra las falacias y el temor Debemos rechazar el anzuelo de una ficticia “polarización” del paísLas oportunidades que se nos abren hay que potenciarlas con trabajo serio Conforme una gran cantidad de sectores del país han decidido trabajar en serio para impulsar una estrategia nacional de desarrollo, dentro de la cual el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Centroamérica, Estados Unidos y República Dominicana es una parte, no el todo, un grupo de dirigentes sindicales tradicionales, algunas autoridades académicas, políticos fracasados y candidatos a serlo, insisten en un discurso trasnochado y peligroso. Según ellos, Costa Rica está “polarizada” alrededor del convenio, su vigencia implicará el fin de todo lo que hemos logrado en nuestra historia y los mecanismos de la democracia representativa, como vía para tomar decisiones, deben ceder ante las presiones que ellos, autoproclamados –pero nunca elegidos– voceros de los costarricenses y dueños de verdades reveladas, indiquen. Tras fracasar en otras coaliciones, alianzas y agregados, destinadas a movilizar gente y tratar de imponer su voluntad sobre el criterio mayoritario de los ciudadanos, manifestado en las elecciones y en múltiples encuestas, el último artilugio ha sido constituir un llamado “Frente Nacional de Apoyo a la Lucha contra el TLC”. Y su próxima actividad será “Un día por la patria”, inflamado y falaz nombre para promover una manifestación más en contra de la ratificación del tratado, que al fin avanza en la Asamblea Legislativa. No tenemos nada en contra de la demostración. Expresar criterios, oponerse a decisiones y argumentar públicamente, aunque sea con falacias e intransigencia, es un derecho de quienes vivimos en libertad. Lo que nos preocupa son las pretensiones y motivos que giran alrededor de sus argumentos y acciones, y que tienen como corolario inevitable un rechazo de dos de los mayores logros que hemos cosechado los costarricenses: la democracia y la paz. Cuando, en una pretenciosa carta, el rector del Instituto Tecnológico de Costa Rica y el director de un programa de la Universidad Nacional, le piden al presidente de la República que retire el TLC de la corriente legislativa; cuando un dirigente sindical del ICE afirma que, si esto no ocurre, “vendrán medidas más fuertes” que la marcha, y cuando, como marco de lo anterior, se argumenta que en todo esto se juega “la paz de la nación”, estamos, claramente, ante amenazas contra esa paz, contra la democracia y contra la voluntad mayoritaria de los costarricenses. Todo esto lleva como finalidad crear un artificial ambiente de confrontación, de crispación, de extremismo y de temor, como últimos recursos para frenar lo que una mayoría de los ciudadanos ansiamos: convivir pacíficamente y trabajar juntos por un mejor país. El anzuelo de la “polarización” y de la confrontación que ha vuelto a lanzar este grupo, tras fracasos previos con otros ropajes, debe ser rechazado por los ciudadanos. Al contrario, lo que debemos hacer es continuar por la vía de la discusión respetuosa, de la gobernabilidad democrática, del apoyo a los más débiles, del crecimiento y la solidaridad, de los acuerdos transparentes que conduzcan a tomar decisiones para impulsar nuestro bienestar, y de la participación activa en los beneficios de la economía y el comercio internacionales, a partir de nuestra capacidad creativa, nuestro capital humano y la solidez de nuestras instituciones. Tras varios años de parálisis, el país, al fin, está caminando de nuevo por esa ruta, de la cual el TLC es uno de varios componentes. Pretender detener esta marcha, mediante la arrogancia, los prejuicios, la nostalgia o la defensa de privilegios, es una injusticia para el resto de los ciudadanos. Equivaldría a poner el país en retroceso y, entonces sí, las consecuencias serían catastróficas. Porque los dirigentes del reciclado “Frente” sin duda mantendrían sus cargos públicos o sus pensiones, pero miles de ciudadanos, entre ellos los más jóvenes, verían esfumarse las oportunidades para mejorar sus condiciones de vida. Esta insostenible injusticia es algo que debemos rechazar con respeto, pero también con firmeza.
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