Dos mundos diferentes en la capital Ángela Ávalos R. aavalos@nacion.com
Dos mundos. Uno, el de la escuela Buenaventura Corrales.
Allí, una alumna de la maestra Grettel Álvarez le jalaba la blusa para recordarle que ella quería contarle a sus compañeros sobre el viaje de vacaciones que hizo a Estados Unidos.
El otro mundo no está lejos de ese centro. Aquí, en la escuela Finca La Caja –en La Carpio, La Uruca–, las hermanas Yuleissa y Jessenia Acosta Picado, de 7 y 10 años, respectivamente, llegaron a clases en chancletas.
Su papá, un vendedor nicaragüense de estuches para celulares, no pudo juntar suficiente dinero para comprarle zapatos escolares a sus chiquitas.
Estas dos escuelas públicas, curiosamente, son dos mundos diferentes, aunque pudiera pensarse lo contrario.
Yuleissa y Jessenia estudiarán en pupitres destruidos. La historia no será la misma para los 30 alumnos de Grettel.
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