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Incoherencia de Ottón Solís

Le haría bien a Ottón Solís informarse mejor antes de defender absurdos

F. Tomás Dueñas
Embajador de Costa Rica en Washington

El 20 de enero, el PAC y su líder, Ottón Solís, anunciaron una visita a Washington para hablar en contra del TLC. Solís afirmó que se reuniría con congresistas estadounidenses para conversar sobre la necesidad de que piensen en una “relación diferente” con el país ( La Nación , 20/1/07). La agenda, promovida por Oxfam, una ONG que hizo lo posible por evitar la aprobación del TLC, incluía la visita a importantes congresistas y senadores demócratas, todos opuestos al TLC.

Pese a que tenemos entendido que no pudo dialogar con los principales, sino, como admite, con los “asesores” de los líderes del Congreso y del Senado, Solís se ha atrevido a afirmar, en Costa Rica, que estos líderes le han asegurado que EE. UU. no piensa dar fin a la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC). Si no se reunió en persona con Hoyer, Reid o Pelosi, quien estaba en Iraq, ¿cómo puede sostener Solís sus conclusiones sobre la ICC? Tampoco se conocen declaraciones conjuntas de estas reuniones, por lo que se desprende que su planteamiento de “una nueva relación” no fructificó.

A su regreso, Solís ha admitido que una renegociación es inviable, no ha vuelto a mencionar su “nuevo planteamiento” y más bien ahora aboga por la ICC como medio para continuar la relación comercial con EE. UU. Afirma, en una carta enviada al presidente Arias, que quienes le hemos señalado la falsedad de sus premisas estamos participando en “uno de los más grandes engaños a que se ha sometido al pueblo costarricense”. Vamos a ver quién engaña a quién.

Un tratado, no una concesión. Primeramente, la ICC es una concesión comercial unilateral, una ley del Congreso de EE. UU., que puede modificarse, o inclusive eliminarse, sin que Costa Rica tenga derecho alguno.

Ningún miembro del Congreso o del Senado norteamericanos puede asegurar que esa ley permanecerá intacta cuando venza el plazo para aprobar o rechazar el TLC que el Presidente de Costa Rica firmó; mucho menos congresistas de la talla de Levin o Pelosi, o senadores como Reid, se pueden comprometer a mantener un régimen que, saben bien, puede ser modificado o eliminado por iniciativa del Presidente de EE. UU., el Congreso o por la presión del sector privado, que se sienta excluido del acceso al mercado costarricense al que nos comprometimos en la negociación.

Es correcto afirmar que ni el Presidente de EE. UU. ni congresistas ni senadores han “amenazado” con quitar a Costa Rica los beneficios del ICC, pero igualmente es correcto afirmar que Costa Rica podría perderlos.

El TLC, en cambio, es un acuerdo bilateral por el que Costa Rica adquiere derechos. Se abre el mercado a nuevos productos y se mejoran las condiciones de acceso a muchos más, se consolidan como derechos las concesiones unilaterales de la ICC, y se nos otorga el derecho de solucionar nuestras diferencias comerciales.

Siendo ya EE. UU. nuestro socio comercial y de inversión más grande, sería absurdo para Costa Rica rechazar un acuerdo que nos otorga acceso preferencial permanente al mercado más grande del mundo.

Incertidumbre con la Iniciativa. Así las cosas, resulta irresponsable y falso afirmar que la ICC continuará si Costa Rica decide no aprobar el TLC. También, pretender o asegurar que EE. UU. permanecerá pasivo ante un rechazo del TLC es muy peligroso. Tampoco hemos querido entender que, con la ICC, EE. UU. puede restringir, condicionar y hasta eliminar nuestro acceso a su mercado cuando lo desee. ¿Es en esa incertidumbre que el PAC quiere que vivamos los costarricenses?

Resulta irónico que, mientras Ottón Solís y el PAC primero defendieron la tesis de que el TLC le haría daño a Costa Rica, luego argumentaron que había que plantear una nueva relación, y ahora defienden el argumento de que basta con la ICC para asegurarnos el futuro, vemos cómo Panamá, Colombia y Perú hacen grandes esfuerzos por la aprobación de su TLC con EE. UU., el Congreso estadounidense debate si conviene seguir abriendo el mercado norteamericano a importaciones de otros países, y las naciones del Caribe piden a EE. UU. que sustituya la ICC por un TLC.

Le haría bien a don Ottón informarse antes de salir a defender absurdos.

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