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Nueva programación macroeconómica Para este y el próximo año las metas fijadas por el Banco Central parecen ser realistasLa coyuntura actual es muy favorable para lograr la estabilidad monetaria y cambiaria El Banco Central adoptó recientemente una nueva programación macroeconómica, más novedosa y mejor elaborada que la anterior, para sustituir su tradicional programa monetario. Aunque contiene, por ahora, el mismo formato en cuanto a la presentación de metas financieras y variables económicas –inflación, emisión, liquidez y crecimiento económico– y planea avanzar gradualmente en la nueva metodología, sí se introdujeron cambios substanciales para ejecutar sus políticas y reducir la inflación. Saludamos la nueva programación y le deseamos éxito. Pero, al mismo tiempo, le recordamos respetuosamente que la coyuntura actual es muy favorable para introducir los cambios, y bien podría adelantarlos para lograr más rápidamente la estabilidad monetaria y cambiaria, en beneficio del país. Para retomar la efectividad de la política monetaria, el Banco ratificó sus propuestas anteriores relativas al traslado de sus pérdidas de operación al Estado y avanzar en la flexibilidad cambiaria. Y delineó los ejes fundamentales de la nueva política monetaria. El “ancla” de la estabilidad ya no será el tipo de cambio, como antes, sino las expectativas relativas a la tasa de inflación esperada. El Banco fijará una meta de inflación aplicable a un período determinado y hará todo lo posible porque las expectativas converjan hacia la meta. Si difieren, estará dispuesto a utilizar todos los instrumentos a su alcance, especialmente las tasas de interés, para acercar las expectativas a sus metas. En el futuro, las tasas nominales de interés se moverán en función de la rentabilidad del ahorro real, las expectativas de inflación y los desfases entre las metas fijadas frente a la realidad observada. Los operadores del mercado financiero deberán observar con atención estos cambios substanciales. En el 2006 se logró avanzar significativamente hacia el equilibrio macroeconómico. Los ingresos fiscales mejoraron substancialmente y se logró un superávit fiscal del sector público consolidado. Eso contribuyó a reducir la inflación y bajar las tasas de interés. Para este y el próximo año, las metas fijadas parecen ser realistas. Se reduciría la inflación al 8% en el 2007 y al 6% en 2008, y bajarían las tasas de interés. Si se logran, se beneficiarían tanto trabajadores como consumidores, usuarios y empresarios, y se sentarían las bases para un desarrollo más dinámico. La interrogante es si se podrán cumplir con los instrumentos actuales de política monetaria y cambiaria, incluyendo el régimen de bandas, que posee la institución, o si, más bien, se podrían lograr más rápidamente si se avanza en las reformas apuntadas. El Banco Central reconoce expresamente que la inflación a largo plazo es un fenómeno esencialmente monetario y que, a corto plazo, depende de las expectativas y los excesos de demanda, por lo que debe utilizar los instrumentos de política a su alcance para alinear esas expectativas a su meta de inflación. También reconoce que ha habido –y podría haber– excesos de demanda interna que podrían generar presiones inflacionarias, asociados con la mayor emisión monetaria (liquidez) proveniente de sus pérdidas de operación y la constante intervención en el mercado de divisas, que lo obligan a comprar reservas, pagaderas en colones, y aumentar la liquidez. Por esa razón, el crédito al sector privado se ha expandido a tasas incompatibles con una mayor estabilidad monetaria. El Banco propone, acertadamente, trasladar sus pérdidas de operación al Estado, para que este se encargue, en calidad de único accionista, de asumir el servicio del principal e intereses de los pasivos con costo. Eso requerirá una reforma legal y tomará tiempo, por lo que podría afectar la consecución de las metas. Pero, afortunadamente, el presidente del Banco Central, Francisco de Paula Gutiérrez, y el ministro de Hacienda, Guillermo Zúñiga, anunciaron un arreglo interino para que Hacienda asuma parte de esas obligaciones este año. Si así fuere, se facilitaría, al menos en parte, la consecución de las nuevas metas de inflación. Pero falta la otra cara de la medalla: la emisión monetaria proveniente de la adquisición de divisas por las entradas de capital. Esa fuente de expansión de emisión e inflación debe corregirse. Y aunque en los últimos días la intervención del Banco ha mermado, se desaprovechó la reciente reforma al régimen de bandas para liberar el mercado cambiario. El Banco decidió, según reportamos la semana pasada, seguir interviniendo directamente en la banda inferior, y se comprometió a adquirir indefinidamente todas las divisas excedentarias a un precio superior al fijado por el mercado. Apoyamos plenamente la liberación del régimen cambiario porque el objetivo original era permitir al mercado fijar el nivel de equilibrio y, así, eliminar la obligación de aumentar la liquidez para poder controlar la inflación. Debe tomarse en consideración que durante varios años el tipo de cambio efectivo real (ITCER) se ha mantenido por encima del nivel de equilibrio. Continuar sosteniéndolo y seguir aumentando la liquidez tiene un costo: se afecta la inflación e impide bajar más rápidamente las tasas de interés, en perjuicio de la producción y el consumo nacionales. La junta directiva del Banco Central se encuentra, ahora, en una interesante disyuntiva: sostener el tipo de cambio o controlar más rápidamente la inflación mediante una salida definitiva del mercado cambiario, salvo para controlar la especulación. Creemos, en resumen, que la coyuntura económica y fiscal es muy favorable para dar el paso necesario en un futuro cercano y afianzar las bases para una mayor credibilidad.
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