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Pieza central La familia no es objeto social, sino sujeto, y tiene gran poder transformadorHelena Fonseca de Odio David Cameron, líder del Partido Conservador británico, nos plantea unas rotundas afirmaciones, en defensa de la institución familiar, que respaldan el informe presentado por su grupo político de Justicia Social en las que se buscan las causas de la pobreza y la conflictividad social que afecta a los británicos, en especial a los jóvenes. Señala que “las familias son la fuente última de la fuerza o debilidad de nuestra sociedad. Las familias importan porque casi todos los problemas sociales que afrontamos dependen de la estabilidad familiar”. Breakdown Britain es un informe de 517 páginas, realizado por un numeroso grupo de especialistas de diferentes áreas. Se centra en los perjudiciales efectos de la crisis de las familias que se reflejan en la pobreza, la delincuencia, el deterioro de la salud física y psíquica o el fracaso escolar. La defensa de la familia empieza a verse como una pieza central de la política social y no como un tema para moralistas. Una necesidad, más que una cuestión ética o ideológica, quizás un problema de supervivencia. Consecuencias sociales. Un objetivo es “poner a la familia en el centro de nuestro programa”. El informe demuestra con datos lo que el sentido común indica: “los cambios en las estructuras familiares no son solo una cuestión de moral sexual privada, sino un problema de enormes consecuencias sociales”. La crisis familiar pasa la factura: “disfunciones familiares (problemas de salud, abusos en el seno de la familia, violencia doméstica), la pobreza y la dependencia de los subsidios, la delincuencia y el crimen, el impacto en la tercera edad, el coste para el Estado y su influencia en el mercado inmobiliario… Aunque no se debe moralizar (en el sentido peyorativo), las relaciones con compromiso son esenciales para la ecología social de la familia, la comunidad y el país, y hay que fomentar las familias que tienen este fundamento”, dice el informe. El 70% de los delincuentes juveniles proceden de familias monoparentales. El 75% de los conflictos familiares que hoy afectan a los jóvenes están protagonizados por familias cuyos padres no están casados. En España, la tasa de riesgo de pobreza en familias monoparentales es del 40%, aproximadamente el doble que en el caso de familias con ambos padres. El abandono escolar temprano es mayor en familias monoparentales: un 34%. El documento señala: “en la sociedad del conocimiento la inversión en capital humano es decisiva para el futuro individual y colectivo”. Los mayores también soportan las consecuencias de las fractura de las familias: “ya no se ve como un deber moral el cuidar a los parientes mayores”. La más noble misión. El Estado británico invierte casi 30.000 millones de euros en prestaciones sociales dirigidas fundamentalmente a familias monoparentales y unos 4.500 millones de euros para supervisar la educación de los hijos de hogares rotos. Interesante este informe que “agarra el toro por los cuernos”. La familia no es un objeto social sino un sujeto. Tiene un gran poder colectivo transformador. Es la protagonista de la más noble misión: humanizar, educar para valer, educar para servir. La valía personal se construye desde la familia y, por ende, la valía colectiva. Ursula von der Layen, ministra para la Familia en Alemania señala: “Las aptitudes de liderazgo –capacidad de trabajo, de organización, sentido de responsabilidad– se adquieren fundamentalmente, no en la profesión, sino en la familia”. Las comunidades crean valor en el sentido de que su cantidad (de comunidades) tiene relación con su calidad (de valores). El progreso humano pasará siempre por esta encrucijada. Cada uno de nosotros “barramos nuestra casa” y luego pongamos el dedo en la llaga con honestidad para defender la pieza central e institución natural más radical y revolucionaria de la historia: la familia humana.
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